Sálvese quien lea

La tumba de la ficción El libro ha sido siempre sinónimo de rebeldía, de resistencia contra las imposturas. Antiguamente, los escritores eran difamados, perseguidos, encarcelados e incluso ejecutados por sus textos; hoy, la censura es más velada, pues consiste en unificar el universo social y crear “Un espacio cultural estandarizado, homogeneizado, dominado por las grandes agencias mediáticas y las industrias culturales trasnacionales, un ‘espacio Schengen de la cultura’ que apenas dejará sitio para la expresión de las diversidades y de las minorías lingüísticas y culturales”, como asevera Christian Salmon en su obra “Tumba de la ficción”. En este esclarecedor libro,
diciembre 12, 2014

La tumba de la ficción

El libro ha sido siempre sinónimo de rebeldía, de resistencia contra las imposturas. Antiguamente, los escritores eran difamados, perseguidos, encarcelados e incluso ejecutados por sus textos; hoy, la censura es más velada, pues consiste en unificar el universo social y crear “Un espacio cultural estandarizado, homogeneizado, dominado por las grandes agencias mediáticas y las industrias culturales trasnacionales, un ‘espacio Schengen de la cultura’ que apenas dejará sitio para la expresión de las diversidades y de las minorías lingüísticas y culturales”, como asevera Christian Salmon en su obra “Tumba de la ficción”.

En este esclarecedor libro, el secretario general del Parlamento Internacional de los Escritores –fundación creada en 1993 con el propósito de apoyar a autores perseguidos– refiere diversos casos en que los escritores han tenido que enfrentarse a las distintas laderas de la censura: la “fatwa” promulgada contra Salman Rushdie, el acoso de los críticos a la vida de Gogol (y no a su obra, cual debiera ser); la cacería que la Academia de Belgrado llevó a cabo contra Danilo Kis, por una novela “poco apegada a los lineamientos del régimen”; las decisiones de Kafka y Broch de, el primero, solicitar la quema de su obra y, el segundo, de renunciar a escribir novelas.

“Una bellísima reflexión sobre todo aquello que provoca que la ficción resulte insoportable a los censores”, rotuló Tiphaine Samoyault, de “La Quinzaine Littéraire”, con mucha razón: una interesante recopilación de ensayos que buscan luchar “contra el reino de lo homogéneo –Juan Manuel Villalobos dixit–, un polo de resistencia del pensamiento, un lugar cultural no pasivo como reacción a la realidad”.

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