Solaris
“En la literatura de nuestro tiempo, los grandes maestros de la ironía y la imaginación son Stanislav Lem y Jorge Luis Borges”, atestigua Ursula K. Le Guin; y, ante tamaña afirmación, no nos queda más que volver la vista a este escritor polaco, cuyas obras han vendido alrededor de 27 millones de ejemplares (todo un logro para un autor de ciencia ficción de habla no inglesa). Y una de sus narraciones más reconocidas es “Solaris”.
La novela tiene como protagonista y narrador a Kris Kelvin, un psicólogo que viaja a la estación espacial de Solaris, un planeta cuyo mar es una “entidad biológica posiblemente dotada de inteligencia”. Mas, al llegar, Kelvin se percata de que las cosas no marchan bien: la tripulación tiene actitudes erráticas, perturbadas; pareciera que han perdido la razón…
Darko Suvin advierte con certeza que “Solaris tiene varios niveles, y es a la vez un rompecabezas psicobiológico, una parábola acerca de las relaciones y emociones humanas, y una demostración de que los criterios antropocéntricos son inaplicables en el mundo moderno… Las estrellas son para Lem de algún modo lo que Utopía fue para Moro o Brobdingng para Swift; un espejo parabólico para nosotros mismos”. En breve: una magnífica novela.
Finalmente, cabe apuntar que esta obra es una de las pocas cuya adaptación cinematográfica es casi tan buena como la original: hablo de la versión de 1972 de Andrei Tarkovski –ganadora del festival de Cannes–, y no de la muy deplorable versión de Soderbergh, cuyo protagonista –George Clooney– dista mucho de saber actuar.


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