Sálvese quien lea

Diario de un viejo loco “No es necesario haber leído a Tanizaki para saber que el Japón ha sido siempre, al pie del continente asiático, una llanura envuelta por la inmensidad de la noche” escribió Yukio Mishima; no podría corroborar tal cita –nunca he viajado al país del sol naciente–, pero me parece que da cuenta de la belleza en la prosa de Tanizaki, y de una literatura que, como señala Alejandro Zambra, “de todos modos sentimos, por momentos, inquietantemente próxima”. Ya había reseñado “La madre del capitán Shigemoto” (una novela espléndida), pero ahora que llegó a mis manos “Diario
julio 30, 2015

Diario de un viejo loco

“No es necesario haber leído a Tanizaki para saber que el Japón ha sido siempre, al pie del continente asiático, una llanura envuelta por la inmensidad de la noche” escribió Yukio Mishima; no podría corroborar tal cita –nunca he viajado al país del sol naciente–, pero me parece que da cuenta de la belleza en la prosa de Tanizaki, y de una literatura que, como señala Alejandro Zambra, “de todos modos sentimos, por momentos, inquietantemente próxima”.

Ya había reseñado “La madre del capitán Shigemoto” (una novela espléndida), pero ahora que llegó a mis manos “Diario de un viejo loco”, no podría dejar pasar la oportunidad de volver a recomendar a quien, junto con Kawabata, el propio Mishima y Kobo Abe, está considerado entre los más grandes autores nipones del siglo XX.

Esta narración sigue el diario del septuagenario Utsugi, un hombre acomodado (aunque con una salud venida a menos); pocos placeres le depara el resto de sus días, excepto la fascinación que le despierta su nuera Satsuko, quien lo utiliza para conseguir onerosos obsequios a cambio de pequeños placeres eróticos.

El único “prietito en el arroz” es que Siruela no pueda costear una buena traducción directa del japonés (la edición original de donde viene esta edición está en inglés), pero eso no impide disfrutar a un “incomparable maestro de la acechanza erótica”, como bien signa Francisco Calvo Serraller, de “El País”. No en balde el propio Kawabata le comentó a Mishima, en una carta fechada el 17 de abril de 1962, que esta novela le había “maravillado”.

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