Momo
Es verdad que “Momo” resulta una historia mucho más “para niños” que otras obras de Michael Ende, como “El espejo en el espejo” o la clásica “La historia interminable”; no obstante, es un relato bastante entretenido, con personajes inspiradores y una historia que, si se lo permites, te mantendrá interesado hasta el final (no en balde Ende ha vendido más de veinte millones de libros, ha sido traducido a 40 idiomas y consiguió, en 1974, el German Youth Literature Prize precisamente con esta novela).
La historia de Momo, una niña cuya capacidad de escuchar logra que todos a su alrededor se sientan mejor, es una honda crítica a los tiempos modernos, llenos de consumismo y estrés: Momo es perseguida por hombres grises que convencen a la gente de que ahorre tiempo, lo cual obtienen al enajenarse y no tener tiempo libre, “cero ocio”.
La urgencia por obtener tiempo, obviamente, es un paralelismo con la imperiosa coacción por tener más y más dinero, una obsesión que, en este nuevo milenio, parece la necesidad más trascendente de las sociedades; devenimos un mundo desnaturalizado, deshumanizado pero, gracias a Momo y sus enseñanzas en torno a la amistad, la compasión y, sobre todo, al verdadero valor de las sencillas –pero satisfactorias– cosas de la vida, vemos que ésta merece ser vivida.
Como decía al principio, por momentos la novela se siente demasiado pueril, y la fantasía se pierde en pasajes demasiado simplones; sin embargo, personajes como la Tortuga Casiopea y el maestro Hora nos dejarán una apacible sensación de que, a veces, vale más comportarse como niño.


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