El inspector jefe Chen Cao ha resultado todo un éxito en ventas; su autor, Qiu Xiaolong, ha publicado nueve novelas en torno de este personaje –la primera de ellas obtuvo el Anthony Award, en 2001–, una exótica mezcla entre Sherlock Holmes y el poeta T. S. Eliot, pues escribe poesía a la par que resuelve casos (ay weeey).
“Visado para Shanghai” es la segunda de esta serie de relatos detectivescos, en la cual el inspector jefe Chen Cao encuentra, en el parque que suele visitar continuamente, a un hombre asesinado con 18 heridas, aparentemente provocadas por un hacha (tal como lo haría una temible banda de las mafias chinas); además, ese mismo día se le ordena acompañar a Catherine Rohn, una agente del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, quien viene por la esposa de un testigo potencial contra una pandilla de tratantes. Las cosas se complican cuando la mujer en cuestión desaparece.
Lo más interesante en la novela es que Xiaolong elabora la historia alrededor de la propia cultura china moderna: cita constantemente a poetas antiguos y modernos (y, en particular, al filósofo Confucio), además de hacer alusión de la cocina, la arquitectura, la historia, la política… incluso la herbolaria del gigante asiático. Por ese lado, sí valdría la pena leer esta obra. No obstante, la trama a veces decae, y uno como lector se ve forzado a seguir “nomás por no dejar”. Nada que ver con las historias de Chandler y Hammett… incluso James Ellroy me parece más atrayente.


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