Sálvese quien lea

La buena letra A Rafael Chirbes se le ha calificado como uno de los mejores novelistas españoles contemporáneos, cosa que siempre produce escozor a quien se acerca a conocer su obra: nunca se sabe qué tan objetiva puede ser tal afirmación. Por ello opté por acercarme a “La buena letra”, una brevísima narración que, si no resultaba buena, al menos se leería de una sentada. Ana le cuenta (y nos cuenta) a su hijo episodios familiares acerca de su padre y su tío, quienes eran republicanos y pelearon a mediados de la década de 1930; nos narra también su posterior
abril 21, 2016

La buena letra

A Rafael Chirbes se le ha calificado como uno de los mejores novelistas españoles contemporáneos, cosa que siempre produce escozor a quien se acerca a conocer su obra: nunca se sabe qué tan objetiva puede ser tal afirmación. Por ello opté por acercarme a “La buena letra”, una brevísima narración que, si no resultaba buena, al menos se leería de una sentada.

Ana le cuenta (y nos cuenta) a su hijo episodios familiares acerca de su padre y su tío, quienes eran republicanos y pelearon a mediados de la década de 1930; nos narra también su posterior reincorporación a la sociedad, señalados, vituperados, descorazonados. No obstante, las cosas seguirán complicándose –para todos.

La novela es una historia a través de la cual podemos indagar la Historia española; un retrato familiar que no busca desentrañar fechas y datos de la guerra civil española y del franquismo, sino mostrarnos, en la intimidad de una familia, cómo los hechos fueron marcando y transgrediendo sus vidas, volviéndolos frustrados y desesperanzados.

La escritora Martha Sanz lo describe puntualmente: “(Chirbes) no utilizó el pasado como lugar donde se reproducen nostalgia y melodrama, sino que lo convirtió en el punto donde se perpetran las historias de la Historia y habló del deslumbramiento por la buena letra, por la megafonía del poder, de la que son víctimas esos vencidos que se han quedado sin posibilidad de hacer percutir, como arma, su voz”.

Una novela que “profundiza en la dimensión filosófica de la literatura”, y que “vuelve a poner en danza el trinomio de la literatura mundial –el amor, el sufrimiento y la muerte–”, nos dice T. Paprotny, del “Hamburger Abendblatt”. Y, sí: resultó buena.

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