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La emperatriz de Lavapiés  La historia de cómo Pedro Torres Hinojosa abandona todo por buscar a una mujer que tiene varias décadas sin ver –Carmen, su Carmen, su emperatriz de Lavapiés, su “Dulcinea perdida”–, y a la que espera encontrar por las calles de Madrid, da pie a todo un cúmulo de lazos y puentes que se cruzan y se entretejen: de autores como Pío Baroja y Max Aub hasta el mismísimo don Quijote, y de Reforma e Insurgentes a la Gran Vía y la calle de Alcalá. De ello y mucho más se nos habla en “La emperatriz de
mayo 5, 2016

La emperatriz de Lavapiés 

La historia de cómo Pedro Torres Hinojosa abandona todo por buscar a una mujer que tiene varias décadas sin ver –Carmen, su Carmen, su emperatriz de Lavapiés, su “Dulcinea perdida”–, y a la que espera encontrar por las calles de Madrid, da pie a todo un cúmulo de lazos y puentes que se cruzan y se entretejen: de autores como Pío Baroja y Max Aub hasta el mismísimo don Quijote, y de Reforma e Insurgentes a la Gran Vía y la calle de Alcalá. De ello y mucho más se nos habla en “La emperatriz de Lavapiés”.

Jorge F. Hernández resultó finalista del Premio Alfaguara con esta novela, de la que Juan José Reyes comenta sobre la forma y el estilo elegidos por Hernández para su narración; consta de “largas parrafadas evocadoras, una suerte de cantos, de poemas en prosa, efectivamente sueños del seductor adolescente enamorado de la musa imposible que aguarda a la vuelta de cada esquina, una demasiado evidente Dulcinea –a fuerza de repetir el recurso– en sueños de un viejo Quijote solitario cuyas únicas disrupciones han consistido en trampear a American Express y en no ajustarse al cambio de horario trasatlántico”, y que su novela –la cual nos muestra “el camino enloquecedor de un enamorado de por vida que da vueltas”– termina siendo una historia “que parecería un tanto excedida y cuyos aciertos innegables de escritura ceden a veces a la tentación del empalago”. Y así es: en muchos momentos la trama se hace tediosa, hasta soporífera, y hace que el lector vaya perdiendo interés.

No obstante, como ejercicio escritural y de estilo, la prosa de Hernández es vívida y extraordinaria.

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