La guerra interminable
Tras servir en la guerra de Vietnam (en la cual fue herido en combate), Joe Haldeman se convirtió en escritor. Y hace apenas cuatro años fue nombrado miembro del Salón de la Fama de la Ciencia Ficción. Nada mal para un ex combatiente. Su novela más famosa, que obtuvo los tres premios más importantes del género (el Hugo, el Nebula y el Locus), es un verdadero clásico: “La guerra interminable”.
A finales del siglo XX, el ser humano descubre una forma de viajar mucho más eficiente que hacerlo a la velocidad de la luz: el salto por colapsar. Tras varios viajes, una nave es destruida cerca de Aldebarán, en la constelación de Tauro (por lo cual los extraterrestres fueron denominados “taurinos”). Así da inicio una guerra interestelar.
Más allá de los combates, lo verdaderamente atractivo de la novela son los cambios –no sé si llamar evolución a lo que se desarrolla– acaecidos en la Tierra, pues mientras para los soldados han pasado sólo algunos años, en nuestro planeta han transcurrido siglos, modificando todo lo que conocían: sus familiares y amigos llevan centenas de años muertos, los sistemas políticos y sociales intraplanetarios han sido modificados totalmente… es decir, se enfrentan a “una Tierra más y más irreconocible en cada nueva visita” (cabe mencionar que mucha de la propia experiencia de Haldeman, al tener que dejar la milica y volverse un civil de nueva cuenta, se ve retratada, lo cual le da muchos rasgos de verosimilitud al relato).
Una muy buena y atractiva novela; no en balde el gran Robert A. Heinlein, durante la premiación del Nebula, se acercó a Haldeman para decirle que su libro era “quizá la mejor historia sobre guerras futuras que había leído”.


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