Sálvese quien lea

Toda la vida Una novela romanticona disfrazada de un “thriller” medianón: eso es “Toda la vida”, la undécima novela de Héctor Aguilar Camín, mejor conocido por ser director de la revista “Nexos”. En ella, Serrano, periodista y escritor –alter ego del autor–, narra su historia con Liliana Montoya, una mujer que, cual sirena, embauca y lleva a la perdición a todos los hombres que se cruzan en su camino. En las novelas de Aguilar Camín, dice Hugo Hiriart, “se percibe una maldad acechante, escondida, difusa, imposible de localizar con precisión, una perversidad y una vileza política, social, pero secreta”; y
junio 29, 2016

Toda la vida

Una novela romanticona disfrazada de un “thriller” medianón: eso es “Toda la vida”, la undécima novela de Héctor Aguilar Camín, mejor conocido por ser director de la revista “Nexos”. En ella, Serrano, periodista y escritor –alter ego del autor–, narra su historia con Liliana Montoya, una mujer que, cual sirena, embauca y lleva a la perdición a todos los hombres que se cruzan en su camino.

En las novelas de Aguilar Camín, dice Hugo Hiriart, “se percibe una maldad acechante, escondida, difusa, imposible de localizar con precisión, una perversidad y una vileza política, social, pero secreta”; y “Toda la vida” es clara muestra de ello, pues en realidad la relación de Serrano y Liliana es una mera anécdota para desentrañar un asesinato (buscando conjugar así “amor, celos y poder”).

Me quedo con las palabras de Fernando García Ramírez quien, al hablar de Serrano, reconoce que en su intento de analizar y desentrañar los vericuetos de la política mexicana baja “todo el tiempo la vista (para) observar los gusanos y los insectos que pululan debajo del suelo (…) Pero husmear en los sótanos y subsuelos del poder no es lo mismo que mirar los abismos de lo humano”; así, la novela de Aguilar Camín puede resultar entretenida, pero no es profunda.

Además de “Nexos”, el autor escribe una columna para el diario “Milenio”, donde, supongo (la verdad es que no la leo), podría practicar mejor su prosa, pues, retomando a García Ramírez, esta última narración es “una buena novela menor”.

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