Muy lejos de casa
Considerado uno de los más importantes e influyentes artistas de la segunda mitad del siglo pasado en Estados Unidos (además de escritor, fue compositor y traductor), Paul Bowles dejó un amplio legado de obras, entre composiciones musicales, cuentos, textos autobiográficos, poesía, epístolas… sin embargo, en sus novelas ocurrió algo infrecuente: le tomó casi tres décadas escribir una nueva (la anterior, “La tierra caliente”, se publicó en 1966); por ello, “Muy lejos de casa”, de 1991, se volvió un acontecimiento literario: una novela –“noveletta”, más bien, dada su brevedad– concisa, ambientada en África, a donde llega Anita, una norteamericana, a visitar a su hermano Tom.
El “choque de civilizaciones”, recreado por la desconfianza y franca repulsión de Anita hacia Sekou, uno de los sirvientes de Tom, ha sido siempre tema central de la narrativa de Bowles –quien vivió muchos años en Tánger, Marruecos–; su maestría para, en tan sucintas palabras (una “deslumbrante y precisa economía expresiva”, nos dicen los editores del libro), detallarnos el conflicto entre culturas, el arraigo forzoso y la incorporación del mundo occidental en tierras nativas, nos entrega una fábula valiosísima. Además, las relaciones humanas, cargadas de erotismo y pasión, condimentadas por una excelsa narración que viene y va de lo real a lo onírico, enriquecen el texto, para beneplácito de los lectores (además de que cuenta, como “plus”, con las ilustraciones de Miquel Barceló: acuarelas que nos abren otra posibilidad para la lectura de Bowles).
Un autor a quien Gore Vidal colocó “entre lo mejor que ha escrito jamás un estadounidense”.


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