El sentido espiritual de los mitos
En la actualidad, la mitología es percibida como mera narrativa de recreación, simples relatos lúdicos para pasar el tiempo. No obstante, como bien señala Michel Clermont, los mitos tienen un “inagotable poder significante”: son piezas fundamentales de las diferentes culturas –en nuestro occidental caso, la helenística– que ofrecían, si no respuestas racionales, al menos sí asaces “sobre el origen y la finalidad del mundo natural”, así como “sobre el sentido de la vida humana, sobre el lugar que el hombre debe ocupar en el seno de la Creación”.
En “El sentido espiritual de los mitos”, Clermont (profesor universitario francés especializado en literatura y lingüística) nos entrega tres “breves pero penetrantes” ensayos –literal, apenas rebasan las cincuenta páginas, a doble espacio, en un formato pequeño–, en torno a sendas figuras emblemáticas de la Grecia clásica: Hércules y sus doce trabajos, enfocados tanto a eliminar la “parte impura” del ser humano como a alcanzar un nivel “espiritual” superior; el laberinto de Creta, recreación, asimismo, de un espacio gobernado por la mundanidad, del cual la única forma de librarse es elevándose, buscar el camino vertical hacia las “certezas metafísicas”; y, por último, Ulises, el mejor ejemplo de hombre-demiurgo, alguien cuya sabiduría y sagacidad lo hacen creerse equiparable a los mismos dioses.
Los textos abren claves significativas para “una interpretación espiritual e iniciática” de estos mitos griegos, relatos simbólicos universales que nos hacen comprender, de forma menos vedada y opaca, las palabras de Salustio: “los mitos son cosas que nunca sucedieron, pero que existen”.


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