Sálvese quien lea

Adentrarse en “Caracol Beach” (novela ganadora del primer Premio Internacional Alfaguara de Novela, en 1998), de Eliseo Alberto, es como pelar una cebolla: capas y capas cada vez más densas, más oníricas, más homéricas; una vorágine de enajenación y displicencia. La trama gira en torno a la muerte de un par de adolescentes recién graduados quienes, tras salir en busca de cervezas, sin deberla ni temerla, se enfrentan a un soldado maniático. No obstante, la ramificación del argumento conjura decenas de personajes relevantes por complejos, por inverosímiles: un sargento y su hijo travesti –y el novio de éste–; una profesora
agosto 12, 2017

Adentrarse en “Caracol Beach” (novela ganadora del primer Premio Internacional Alfaguara de Novela, en 1998), de Eliseo Alberto, es como pelar una cebolla: capas y capas cada vez más densas, más oníricas, más homéricas; una vorágine de enajenación y displicencia. La trama gira en torno a la muerte de un par de adolescentes recién graduados quienes, tras salir en busca de cervezas, sin deberla ni temerla, se enfrentan a un soldado maniático. No obstante, la ramificación del argumento conjura decenas de personajes relevantes por complejos, por inverosímiles: un sargento y su hijo travesti –y el novio de éste–; una profesora de gimnasia y su encuentro con el de literatura; una hermosa joven acosada por el fantasma de su madre; soldados, texanos prepotentes, prostitutas… una amalgama calidoscópica.

El jurado del premio (conformado por Carlos Fuentes, Rosa Regàs, Sealtiel Alatriste, Rafael Azcona, Juan Cruz, Tomás Eloy Martínez y Marcela Serrano) dijo de esta obra: “Crea, con un lenguaje audaz, siempre sorprendente, un destino en el que el azar rompe a cada momento la lisura de lo cotidiano. Un conjunto de personajes absolutamente inocentes o absolutamente culpables enloquece ante el gris de la realidad y desemboca en una historia de violencias, injusticias y locuras que reinventa y actualiza las formas de la gran tragedia clásica, una perfecta metáfora de este fin de siglo”.

En términos generales, el Premio Alfaguara me da muy mala espina: creo que muchos de los ganadores lo hicieron con obras menores, incluso malitas. Pero al menos en el primero, acertaron.

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