Sálvese quien lea

Noches en Hollywood   Los investigadores privados de Chandler y Hammett eran rudos, resolvían la situación a golpes o incluso a balazos, y trataban a las mujeres de forma tan mezquina y ofensiva que hoy tendrían que ser modificados para volverse “políticamente correctos” y no ofender a nadie. No obstante, dichas novelas no eran tan sórdidas y descarnadas como los relatos que aparecen en “Noches en Hollywood”, una recopilación de seis cuentos de James Ellroy. El cuento que abre la antología (y que es el más largo, casi una novela breve) es “El blues de Dick Contino”, el cual presenta
febrero 25, 2018

Noches en Hollywood

 

Los investigadores privados de Chandler y Hammett eran rudos, resolvían la situación a golpes o incluso a balazos, y trataban a las mujeres de forma tan mezquina y ofensiva que hoy tendrían que ser modificados para volverse “políticamente correctos” y no ofender a nadie. No obstante, dichas novelas no eran tan sórdidas y descarnadas como los relatos que aparecen en “Noches en Hollywood”, una recopilación de seis cuentos de James Ellroy.

El cuento que abre la antología (y que es el más largo, casi una novela breve) es “El blues de Dick Contino”, el cual presenta precisamente a Dick, un acordeonista que supo labrarse un lugar en la meca del cine de mediados del siglo pasado, aunque lo dejó perder por sus constantes desplantes por influjo etílico u hormonal. Por ello, para relanzar su carrera, se le ocurre una terrible solución: fingir un secuestro… y nada menos que el propio. Obviamente, una broma de tan mal gusto debe terminar mal.

El resto de los relatos se ambientan asimismo en la ciudad de Los Ángeles, entre 1947 y 1959. De nueva cuenta, la visión de Ellroy nos presenta lo más crudo del lado humano: policías corruptos, prostitutas, estafadores, matones sin una pizca de congoja por los destripamientos, las mutilaciones y los desmembramientos (y vaya que son bastantes; Ellroy no escatima el conteo de glóbulos rojos).

Los textos son muy, pero muy gráficos, brutales, lo cual no los vuelve buenos, pero sí bastante entretenidos, y mucho más cercanos a la realidad que se vive cuando salimos de nuestra burbuja.

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