San Cristóbal Huichochitlán, comunidad ubicada al norte de Toluca, arrastra un cúmulo de carencias que sus propios habitantes describen como una vida en resistencia. Según datos del Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN), en 2020 esta localidad contaba con 42,320 habitantes.
A pesar de esa magnitud poblacional, 1,675 viviendas carecían de suministro de agua potable, 1,471 no tenían drenaje y al menos 9,247 personas hablaban lengua indígena, lo que coloca a la comunidad en una situación de rezago social evidente.




El panorama se refleja en las calles. Durante un recorrido de AD Noticias por la Ignacio López Rayón, entre Prolongación Miguel Hidalgo y Moctezuma, se observó el deterioro de la vialidad: baches de gran tamaño que los vecinos describen como “cráteres” y que complican la movilidad de automovilistas, motociclistas y ciclistas. En cuestión de minutos, un automóvil sufrió la ponchadura de una llanta y necesitó asistencia de otros conductores para poder continuar.
La falta de agua potable es otro de los reclamos constantes. Varios testimonios coincidieron en que llevan alrededor de un año sin recibir suministro. Para sobrevivir, deben adquirir pipas que alcanzan un costo aproximado de 2,500 pesos, lo que representa un gasto considerable para familias que dependen de actividades locales.
Una de las vecinas, que prefirió el anonimato, explicó que durante la temporada de lluvias recurren a recolectar agua pluvial para tareas domésticas y reservan la de garrafón únicamente para preparar alimentos.
La señora María Cristina Canuto Díaz explicó que el problema se agudizó desde que se instaló un Construrama en la zona: los tráileres aceleraron el deterioro de la calle y las obras de embovedado provocaron que el drenaje dejara de funcionar adecuadamente.
“Son cráteres, ya no son hoyos, ya no son baches”, lamentó.
Añadió que las inundaciones son frecuentes porque el agua ya no se filtra de manera correcta y termina estancada.




En materia de seguridad, los testimonios son igualmente desalentadores. La comunidad vive con la amenaza constante de los asaltos y la ausencia de luminarias incrementa la vulnerabilidad. “Aquí no hay seguridad, hay pocas lámparas y no todas prenden. Está muy oscuro”, señaló una vecina. Otros habitantes coincidieron en que los delitos ocurren a cualquier hora del día.
Los vecinos relataron que han acudido en distintas ocasiones a solicitar apoyo. Hace dos años, un grupo de locatarios se organizó para pedir pavimentación en la delegación, pero aseguran que fueron ignorados. Más recientemente, una delegada de Santiago Miltepec recolectó firmas para una gestión que, hasta ahora, tampoco se ha materializado.
“Yo quiero ver acciones, porque nada más nos traen con promesas”, reprochó la señora Canuto.
La falta de servicios impacta también en la economía local. Comerciantes de la zona aseguraron que sus ventas han caído hasta 30%, pues muchos clientes optan por calles alternas para no dañar sus vehículos. El problema se agrava con la deficiente recolección de basura: en ocasiones, el camión no pasa durante semanas, generando focos de infección que ya han derivado en enfermedades.
Durante el recorrido también se observó a un matrimonio rellenando con sus propios recursos los baches más grandes. La pareja explicó que sufrió un accidente recientemente y, con el fin de evitar más percances, decidieron aportar materiales y trabajar por cuenta propia, recibiendo ayuda únicamente mediante la cooperación voluntaria de otros vecinos.





En la comunidad prevalece una percepción de abandono. “Jamás han venido aquí”, dijo una habitante en referencia a las autoridades. Otro testigo destacó que, durante campañas electorales, los políticos sí recorren las calles para pedir el voto, pero nunca regresan para dar soluciones. El contraste entre promesas y realidad se refleja en la vida cotidiana de San Cristóbal Huichochitlán: sin agua, sin seguridad, sin pavimento y sin atención institucional.


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