Satisfechos con la vida, pero no con el país

Cuando se quiere saber cómo van las cosas en una sociedad, lo más frecuente es echar mano de las encuestas: se selecciona una muestra y a ese grupo de personas se les hacen algunas preguntas específicas sobre cuánto gana, en dónde trabaja, en qué cree, qué consume, etcétera. Al analizar los resultados se piensa que las respuestas más frecuentes son un indicador certero de lo que está ocurriendo. A diario el INEGI nos da a conocer resultados de encuestas, los cuales son muy interesantes porque aportan información respecto a las características de la sociedad en que vivimos. Ahora, es verdad
octubre 21, 2015

Cuando se quiere saber cómo van las cosas en una sociedad, lo más frecuente es echar mano de las encuestas: se selecciona una muestra y a ese grupo de personas se les hacen algunas preguntas específicas sobre cuánto gana, en dónde trabaja, en qué cree, qué consume, etcétera. Al analizar los resultados se piensa que las respuestas más frecuentes son un indicador certero de lo que está ocurriendo.

A diario el INEGI nos da a conocer resultados de encuestas, los cuales son muy interesantes porque aportan información respecto a las características de la sociedad en que vivimos. Ahora, es verdad que en la mayoría de los estudios  del INEGI es difícil identificar opiniones o juicios subjetivos por parte de quienes son encuestados. Por poner un ejemplo, cuando se realiza un censo se pregunta ¿cuántas personas viven en esta casa?, pero no hay preguntas como ¿y usted qué opina de que vivan ese número de personas en su casa?, ¿se siente a gusto?

Lo que antier dio a conocer el INEGI bajo el nombre “Indicadores de bienestar subjetivo” en México es el resultado de un ejercicio en el que deliberadamente se buscó recabar experiencias subjetivas de la gente; específicamente se preguntó a cerca de 40 mil personas de todo México qué tan satisfecho se encontraba con aspectos como su trabajo, su familia, la seguridad, el país, al economía, etcétera. Hay muchas cosas que llaman la atención, pero sólo hay espacio para comentar algunas.

Cuando se les preguntó a los encuestados qué tan satisfechos estaban con su vida en lo general (y se les pidió que lo calificaran del 0 al 10) la calificación promedio fue de 7.95. Eso equivaldría a estar satisfecho con el 80% de los aspectos de la vida. Pero ¿cuáles son aquellos con los que la gente dice estar más satisfecha y con cuáles menos? La familia, la vida afectiva y la actividad que realizan son los rubros con los cuáles todos se dijeron más satisfechos; en tanto que la ciudad donde viven, el país y la seguridad pública son los tres aspectos con los que se está menos satisfecho. Aquí hay una clara preferencia por las cosas que ocurren en el entorno cercano-íntimo, por encima de las que tienen lugar en los espacios más amplios-públicos; y eso, en otras palabras, quiere decir “yo hago bien las cosas, pero las autoridades no”.

Como el INEGI ofrece datos específicos por cada estado de la república, destaca que en nuestro Estado de México hay un nivel muy bajo en cuanto a satisfacción de las personas con la seguridad, 4.9; igualmente la satisfacción con la vida en lo general obtuvo uno de los puntajes más bajos de todo el país, 7.8; casi un punto menos que el promedio nacional, y ello se refleja en que la mayoría de los mexiquense encuestados en este ejercicio dijeron pasar poco tiempo a lo largo del día con un ánimo positivo o de buen humor.

Donde empiezan las interrogantes más profundas es cuando se relacionan las valoraciones que la gente otorga y sus condiciones socioeconómicas: resulta que la gente en pobreza extrema valora más alto sus satisfacción con el país que la gente sin problemas económicos y sin vulnerabilidades ¿Qué quiere decir esto? Que los más pobres entre los pobres se sienten bien con el país que tenemos, pero la gente con más ingresos, más estudios y sin vulnerabilidades permanentes no está a gusto con el país en que vive. Sin duda estas opiniones diferentes tienen que ver con la cantidad y calidad de información que cada sector poblacional recibe: estoy mejor informado, me siento menos satisfecho.

Lo anterior parece corroborarse cuando uno observa que las personas en situaciones de pobreza se dijeron menos satisfechos con su vida y dijeron sentirse poco animadas a lo largo de sus días. En cambio los que tienen mejores condiciones económicas se sienten más satisfechos con su vida y de mejor ánimo todos los días. La explicación es que los pobres no están satisfechos con su vida, pero no atribuyen eso necesariamente a que el país esté conduciéndose mal.

Si usted, amable lector, le echa una miradita a estos datos que están disponibles en el sitio web del INEGI quizá podrá coincidir en que la sensación de estar satisfecho con mi vida tiene que ver con cosas como dónde vivo, con quién vivo, dónde trabajo, en quién confío, cómo está mi salud y mi humor. Parece que la opinión de los mexicanos en ese sentido es determinada por una constante lucha encaminada a tener una buena vida en medio de un entorno no tan favorable.

 

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