Las buenas intenciones de la agenda legislativa de Morena parecen obvias y están en concordancia al mandato de las urnas de julio pasado. La gente salió a votar abrumadoramente por sus candidatos a diputados en el Estado de México, porque quiere un cambio; particularmente, para que se combata la corrupción y se detenga el derroche. Pero pretender de golpe y porrazo un recorte presupuestal de 30 por ciento a los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial parece más un despropósito, un disparate, que una acción administrativa responsable; el gobierno no debe gastar menos, sino gastar bien. Para las necesidades actuales y rezagos históricos, hace falta mucho más dinero que del que se dispone hoy. No, meter tijera así porque sí es una pésima idea que puede tener un efecto totalmente contrario al que se pretende.
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Se antoja poco responsable que Morena se lance de esa forma sin conocer la propuesta presupuestal para el próximo año; más que el producto de un razonamiento técnico parece una postura política de fuerza. Por supuesto que deben impedirse los lujos y raterías de la alta burocracia, como el manejo discrecional y patrimonialista de los recursos públicos, el uso privado de los helicópteros, los guaruras, asesores, asistentes, viáticos, celulares y gasolina, entre otros muchos, hasta reducir la estructura administrativa, pero de allí a recortar sin saber cómo, dónde ni cuándo, no es serio.
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Si se cumpliera el propósito podador morenista, el recorte para el próximo año sería de unos 85 mil millones de pesos, que pondría a todos en apuros porque significarían 540 millones para el Poder Legislativo; unos mil 200 millones para el Poder Judicial; 30 mil millones para el sector central del gobierno; 3 mil 600 millones menos para organismos autónomos – entre ellos la Fiscalía General de Justicia y la UAEM – y 30 mil millones menos a organismos auxiliares – donde se sectoriza buena parte del pago a profesores de sistema federalizado -. A los municipios les costaría, también, unos 12 mil millones de pesos de los fondos que les transfiere el estado. En fin, una cosa es la que se quiere y otra es la que se puede.
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Los próximos diputados de Morena deberían tener presente que, si la idea es reducir el presupuesto a unos 200 mil millones nada más en servicios personales – es decir, nómina -, se irán unos 128 mil millones, unos 11 mil en pago de deuda pública, 25 mil millones en servicios generales y 15 mil millones en materiales y suministros. En otras palabras, no habría dinero para inversión pública ni para programas sociales, menos para cumplir el anhelo de acceso universal a la educación superior. Bienvenidos a la realidad.
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Aquellos que gozan haciendo pronósticos – que no prospectiva política -, apunten a Andrés Massieu Fernández como uno de los fuertes candidatos a la presidencia del PRI Estado de México. El ex diputado federal y actual Coordinador de Política y Gobierno en Los Pinos es muy cercano al presidente Peña, pero tiene también nexos director con el gobernador Del Mazo. No hay que perderlo de vista, puede ser el valiente que se anime a tratar de levantar el tiradero que dejó Ernesto Nemer.


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