La crisis en el PRI es más profunda de lo que se ve. Mas allá de las derrotas o victorias – temporales y consustanciales al juego democrático – el daño es grave, tal vez irreversible. Se trata de la división de la elite y del rencor en la base por el abandono. La quiebra del priismo es materia cultural más que del agotamiento de un sistema; es el fracaso de una cosmogonía, de una forma de ser y de actuar.
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El Kraken está suelto y merodea la LX Legislatura del Estado de México. La bestia fue liberada para seducir a quien se deje, provocar la tentación del dinero en aquellos de moral débil. Es la temporada de intentar comprar lo que no pudo ganarse en las urnas, así como lo hiciera Isidro Pastor en la LIV. Tanta culpa tiene el que compra como el que vende y parece no entenderse que estos son otros tiempos.
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Ahora que el presidente Enrique Peña ha declarado públicamente que, terminando su administración, se retira de la política para dedicarse a los negocios, podría pegársele a su hermano Arturo, quien ha resultado buenísimo para hacer dinero. Además de atender el rancho en Acambay que heredo de su padre, Arturo se ha asociado en un sinfín de proyectos empresariales con un éxito sorprendente. Poco a poco fluirá la información de la fortuna acumulada.
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El pleito entre el diputado Edgar Olvera y el reelecto alcalde de Huixquilucan, Enrique Vargas, es a muerte; no hay posibilidad alguna de entendimiento político y eso profundizará la crisis en el PAN Estado de México. Están como perros y gatos en un costal, pero todo indica que Olvera y su grupo terminarán por imponerse. Los sueños de Vargas, a quien se acusa de hacer grandes negocios con desarrolladores inmobiliarios, se han esfumado.
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Sería interesante que, en el contexto de la lucha frontal contra la corrupción, Morena pregunte, nada más por curiosidad, a su aliado diputado federal del PT, Oscar González, cómo fue que un “austero y modesto hombre de izquierda” pudo hacerse de una propiedad de casi 20 millones de pesos en el club de golf Los Encinos. Seguro encontró oro enterrado.
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Al que ya se traen de bajada en la grilla de la elite es al director del DIF, Miguel Ángel Torres Cabello, pues ya le cargan más muertos de los que realmente debe. Parece que incomoda a alguien o afecta ciertos intereses que pueden ser los mismos que patrocinan las intrigas palaciegas y el sicariato en ciertos sectores de la prensa. Ahora sí que quieren despelucar a Cabello, pero también parece que no tiene un pelo de tonto.


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