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Ottawa, Canadá. En este país las cosas funcionan porque el gobierno hace lo correcto, pero la sociedad también. Cada quién asume y cumple con sus responsabilidades; la gente paga sus impuestos y, en contraprestación, recibe excelentes servicios públicos de seguridad, salud y transporte, entre otros. Aquí las calles no están llenan de baches ni se encharca el agua con las primeras lluvias ni se abandona la basura en la vía pública. Las ciudades funcionan y se ven bien, hay más espacios verdes que centros comerciales. No se vive para trabajar, se trabaja para vivir bien. El respeto a la ley y
octubre 11, 2018

Ottawa, Canadá. En este país las cosas funcionan porque el gobierno hace lo correcto, pero la sociedad también. Cada quién asume y cumple con sus responsabilidades; la gente paga sus impuestos y, en contraprestación, recibe excelentes servicios públicos de seguridad, salud y transporte, entre otros. Aquí las calles no están llenan de baches ni se encharca el agua con las primeras lluvias ni se abandona la basura en la vía pública. Las ciudades funcionan y se ven bien, hay más espacios verdes que centros comerciales. No se vive para trabajar, se trabaja para vivir bien. El respeto a la ley y hacer lo correcto son código cultural, no moda ocasional. El futuro de esta patria es luminoso, aquí se piensa todo el tiempo en cómo ser mejores; es el acuerdo social. México puede lograrlo, por supuesto, pero falta que lo deseemos todos.

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La situación política del Estado de México es la mejor que ha tenido en los últimos cien años, sin duda. Distribuir el poder entre diferentes fuerzas políticas es algo muy bueno, para celebrarse, y puede ser la base para empezar la recuperación. Como sociedad, lo que más nos conviene es lo que tenemos: un nuevo régimen con un sistema de pesos, frenos y contrapesos, con un partido en el Poder Ejecutivo y en el Legislativo, otro. Aprovechar la oportunidad es una obligación, no una opción. Si de esto no hacemos algo positivo, estaremos condenados por siempre al fracaso, a la mediocridad.

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La policía era un cochinero cuando llegó Maribel Cervantes hace un año; hoy, lo sigue siendo… pero menos. El mayor problema en las fuerzas de seguridad es, sin duda, que están carcomidas hasta el tuétano por la corrupción y la incompetencia. El proceso para sanearlas será muy largo y tortuoso. Quitar en este momento a la secretaria no resolvería nada (quizá lo empeoraría), pero lo que sí debería hacer el gobernador es exigirle mayor esfuerzo y mejores resultados.

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El control territorial de la delincuencia organizada en regiones específicas del Estado de México dejó de ser tema de seguridad pública para escalar al de seguridad nacional. Mafias ultra violentas y armadas hasta los dientes ejercen funciones paralelas al Estado en municipios del sur y del Valle de México. La franja limítrofe con la Ciudad de México, Morelos, Michoacán y Guerrero se ha vuelto ingobernable. En Chalco, Tlatlaya, Luvianos, Ecatepec, Nezahualcóyotl, Ixtapaluca, Naucalpan, Atizapán de Zaragoza, Ixtlahuaca, Axapusco y Coacalco, entre otros, el poder lo tienen los carteles del narcotráfico, los huachicoleros y los tratantes de blancas. Así de grave.

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En el PRI estatal se ha dejado de pagar a centenas de personas que ejercían como activistas en las llamadas “estructuras”; no hay número preciso, pero fácilmente son más de un millar. También se recortaron los salarios de la alta burocracia; ganaban muy bien, más de 110 mil pesos en promedio, y ahora apenas si reciben más de 50 mil. El PRI ha entendido, a fuerza de golpes, que el sistema electoral de incentivos económicos, además de perverso, ya no funciona. Más que otro nombre, colores o líder formal, el PRI necesita nuevas y mejores ideas y prácticas. No obstante, darlo por muerto es una estupidez.

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