Se Dice Que…

Esta megalópolis de más de 8 millones de habitantes es lo que Nueva York para los Estados Unidos, pero mas y mejor organizada. Lo que aquí han logrado con el transporte público masivo es admirable, prácticamente han sacado de sus calles los camiones con motor de combustión interna, para dar paso a la movilidad a través de vehículos eléctricos como metro, tranvía y trolebús. La ciudad se mueve rápido, segura y amigablemente con el medio ambiente.

 

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Acá todo es caro. Goza de una economía vigorosa de precios altos pero con salarios elevados. La gente tiene suficiente para gastar. El salario mínimo es de 10.25 dólares por hora, unos 150 pesos. Tomar un autobús cuesta 3.40 dólares, alrededor de 50 pesos mexicanos, por un boleto que funcionará tres horas, es decir puede hacer la distancia y las rutas posible en ese periodo. Metro, trolebús y tranvía están en excelente condiciones, limpios cómodos y seguros. La mayoría de la gente opta por viajar en transporte público, acá no es cuestión de status quo, sino de sentido común, economía y comodidad. Tener un automóvil propio es innecesario y regularmente tonto. Toronto es una ciudad hipster donde caminar, andar en bicicleta o vespa, es lo correcto, lo de hoy.

 

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Y mientras acá es normal que se construyan simultáneamente en tiempos récord cuatro o cinco rascacielos de 80 pisos o más, en Toluca no hay para cuando terminen las obras de remozamiento de la Alameda. El espacio público más popular permanece cercado como gallinero. Ya nadie trabaja. Todo está parado, triste, arrumbado. Ojalá la autoridad municipal devuelva pronto a los ciudadanos ese espacio, corazón de Toluca. Tacita de plata que merece mejor trato.

 

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Ser secretario de Seguridad es un trabajo de alto riesgo. El peligro es consustancial a la actividad de un policía. No sorprende que a Damián Canales lo cuiden 20 guardaespaldas armados hasta los dientes. Tampoco que se desplace en vehículos blindados y use casi 24 horas al día chaleco antibalas. Canales se la está jugando, está haciendo su trabajo, bien, como desde hace años. Salvador Neme traía más guaruras y francamente lo único que hizo por más de un año, fue llenarse los bolsillos de dinero hasta convertirse en supermillonario que podría pasarse el resto de su vida sin trabajar.