New York City.- La columneja pata de perro volvió a las andadas. El avión que nos lleva a la Gran Manzana es un Boeing 737-MAX para 181 pasajeros y viene totalmente lleno. No hay restricciones de ingreso a Estados Unidos vía aérea, solo un estricto protocolo sanitario que pasa por prueba negativa de covid, declaración jurada de no contagio y, de ser posible, certificado de vacunado. Adultos mayores, jóvenes y niños viajan despreocupados con cubrebocas obligatorio y uso constante gel antibacterial. En la ciudad calor infernal de 32 grados, pero funciona casi con normalidad absoluta. La vacuna puede aplicarse en todos lados, hasta en la farmacia de la esquina y está disponible a cualquier persona, no importa nacionalidad o residencia, solo debe ser mayor a 12 años. Es gratuita. La vida sigue y la economía del gigante se ha reactivado.
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Aquí, la paradoja es que sobran vacunas y sobran negacionistas indispuestos a recibir el biológico. Es casi un tercio de la población que no quiere cooperar. Para intentar convencerlos el gobierno les ofrece dinero, cerveza, entradas a espectáculos, gasolina gratis, pero ni así. Son dogmáticos, testarudos, egoístas y, por supuesto, irresponsables. Democracia sanitaria que respeta libertades, pero lamentablemente también cuesta vidas. En este sentido, esta sociedad es bastante idiota.
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Cuando la gestión del gobierno mexicano para controlar la pandemia se compara con otras realidades, por ejemplo con esta del todavía hoy país más poderoso del mundo, sobran elementos objetivos para comprobar que lo ha hecho bien, que las descalificaciones de los anti 4T son opiniones con una alta carga de interés político, no razonamientos informados y ponderados. No, no estamos mal como quisieran hacer creer al pueblo.
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La cantidad de personas en pobreza creció en el Estado de México durante el último año, no hay forma de saber con precisión el volumen real, pero nadie se atrevería a sugerir que no es así. Muy lamentable, por supuesto, la destrucción de bienestar en este territorio es crónica. Ahora por la pandemia, antes por la corrupción o la incompetencia, pero desde hace años caminamos hacia atrás. Hay algo todavía más grave, ese silencio, esa maldita indiferencia. Cualquier sociedad que se respete lo tendría como tema principal de la conversación pública. La responsabilidad es de todos.
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Si el PRI lograra la hazaña de mantenerse en el poder en 2023 y completar un siglo en la gubernatura, en automático Alfredo del Mazo sería el más presidenciable de los priistas. Si ocurriera lo contrario, en unas elecciones concurridas y limpias, podría elegir su destino con tranquilidad, retirarse muy joven o tomar un escaño en el Senado de la República.



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