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Inexplicablemente, el “Gran Hotel Plaza Imperial” de Metepec y su inacabada ampliación fueron abandonados desde hace años. El valor del inmueble es de millones de dólares, pero a sus propietarios parece no correrles prisa para recuperarlo. Los dueños originales –cuando se llamaba Hotel Castell– fueron Jorge Canales y la familia Guerra, después vendieron a la familia Martínez, del Grupo del Rey, y allí inició el conflicto que ha sido irresoluble. Es una de las muchas historias donde se entrecruzan intereses políticos, económicos y religiosos. Da para una novela.

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Orlando Seguel Rogers es un personaje… enigmático, por decir lo menos. Fue jefe de seguridad en aquellos atribulados días de Enrique Peña en la gubernatura de donde salió no de la mejor manera. Le enviaron después como director de la policía auxiliar donde tuvo un paso efímero. Una vez más el poder le rescató y fue enviado como Director de Transporte. Se le perdió la pista y entonces se construyó toda una narrativa sobre la enorme fortuna que presuntamente había acumulado. Inopinadamente reapareció públicamente hace poco, en la ceremonia del Cuarto Informe de Labores del gobernador, caminando al lado del secretario de Seguridad, Rodrigo Martínez. Fue así como se supo que está de regreso, ahora como coordinador de logística en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México que preside Myrna Araceli García Morón. Qué vueltas tiene la vida.   

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Si la intención de la foto que se tomó y difundió en redes Higinio Martínez era la de mostrarse con Horacio Duarte tan amigo y tan de acuerdo como siempre, consiguió exactamente lo contrario. Las cosas entre ambos no están en su mejor momento, los dos quieren lo mismo y ninguno está dispuesto a renunciar por el otro. Si el senador pensaba que mantenía ascendencia política sobre el jefe de Aduanas, se equivocó. Las posibilidades de Horacio y las de Delfina, son mayores a las de él, aunque siga dirigiéndose a ellos como si fueran sus subordinados.

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Emir Garduño Montalvo, hermano del dirigente del PVEM en Metepec, encarcelado en 2016 y sentenciado a 43 años de prisión por extorsión agravada en contra de una víctima de identidad reservada, ha perdido prácticamente todo el dinero que tenía, incluida casa y colección de autos Ferrari. El encierro también le ha hecho perder casi 70 kilos y convertirse al cristianismo. Quienes le visitan y hablan con él dicen que ha cambiado. Del arrogante, violento y prepotente “Lord Rolls Royce” no queda nada más allá del recuerdo. La buena nueva para él es que según sus abogados podría pronto obtener su libertad vía el amparo que tramitan.

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Se ha vuelto una muy mala costumbre que personajes de la fe pública local queden expuestos en escándalos. Ahora, la presidenta del Colegio de Notarios, Rosa María Montiel Bastida, es acusada de violencia laboral por algunos supuestos empleados en carta pública pagada en un diario local. Vaya, vaya.  

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