Los reproches públicos del secretario general de Gobierno a la verbalización política del senador Higinio Martínez en la arena preelectoral, solo podría escandalizar a los bobos. Ambos están en su papel, pero el diferendo no logra nivel ni de falso debate. Lo que ha dicho Higinio Martínez en los foros legislativos para reforma constitucional es que la operación de los recursos para la Tarjeta Rosa son poco claros y, en eso, tiene razón. “Si mil millones de pesos se distribuyen, 40 por ciento es para gastos de operación, no van directo a la gente, sino para pago de oficinas, carros y salarios de los que organizan a la gente para darles la tarjeta. Todavía peor, de esos 600 millones calculamos que 30 por ciento no llega a los beneficiarios, inventan nombres y los operadores se quedan con ese dinero…”, reiteró a principios del mes de junio. Lo que Higinio debe hacer, por obligación ética y legal es poner una denuncia formal ante autoridad competente y Ernesto Nemer en lugar de reprocharle, apoyar una investigación. Si no es así, todo quedará en dimes y diretes, en circo.
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La auténtica oposición no está para aplaudirle al gobierno en general ni al gobernador en particular. Aunque Higinio decepcione a sus amigos de la administración pública priista, que no esperaban que los tratara así, tiene el derecho a no estar de acuerdo, que sea real o impostado, esa es otra cosa. El Estado de México tiene problemas mucho más serios e importantes que dedicar tiempo y esfuerzo a cuidarle la boca a un senador en campaña.
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No se justifica tampoco la jauría mediática que se ha soltado contra el senador y a algunos de los principales apoyadores, como el presidente de la Junta de Coordinación Política, Maurilio Hernández, la diputada Azucena Cisneros y otros más. Que haya contraste, debate, crítica, denuncia y contrapeso, fortalece al sistema democrático, debería celebrarse la novedosa postura del senador y aliados, no intentar inhibirlos.
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A propósito de opositores, hay que reconocer la vehemencia con que la diputada priista Laura Barrera se asume como anti lopezobradorista y anti 4T. Quizá sus argumentos no sean los más sólidos, pero está en pleno ejercicio de su derecho. Laura pasó de ser una apoyadora recalcitrante del peñismo a detractora del nuevo gobierno. Nació, creció y se desarrolló bajo el régimen priista, le debe todo lo que tiene y todo lo que es, asombroso, antinatura sería que no actuara en consecuencia.
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Arturo Montiel solía festejar sus cumpleaños con unas fiestas interminables donde había mucha comida, bebida y música. Eran como verbenas populares con cientos de invitados. Afuera de su casa se formaban largas filas para felicitarlo y estrecharle la mano. El pasado viernes 15 de octubre cumplió 78 años y solo sus muy cercanos afectos y sus amigos más leales se acordaron. No hay duda, nada es para siempre, nada es para tanto.


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