En sus tertulias de fin de semana, los amigos del presidente se divierten a costillas de Juan Armando Hinojosa, el “Rey Midas”, le dicen. Y no porque todo lo que toque se convierta en oro -explican burlones regocijándose a sus costillas-, es por su pedigüeña codicia, para pedir, rogar cada que puede a Peña “¿mi-das un contrato…? ¿Mi-das otra obra…?”.
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Muchos bribones se han enriquecido al amparo de Arturo Montiel y Enrique Peña, pero pocos como David Korenfeld, hoy director de la Comisión Nacional del Agua, quien ha acumulado una obscena fortuna a sus 41 años y con apenas pocos más de una década en el servicio público, nunca ha trabajado en otra cosa y no todos los judíos son ricos de herencia, como ha querido justificarse. Empezó por allá de 1997 como cuarto regidor en Huixquilucan, recién graduado de la Anáhuac. Luego se conectó con Montiel quien lo hizo director general de la Comisión para la Regulación del Suelo. De allí brincó a la alcaldía de Huixquilucan y empezaron los grandes negocios y sus cuentas bancarias se atiborraron dando permisos al mayoreo para el desarrollo inmobiliario. La cereza del pastel del pastel fue Bosque Real Country Club. Fue el alcalde depredador, sin escrúpulos que arrasó con todo. Después se vinculó a Peña y lo hizo secretario de Agua y más tarde al gobierno federal. Korenfeld es un caso paradigmático de la voracidad y corrupción del peñísmo.
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Luis Maccise, otro de los empresarios cercanos al presidente, obtuvo recientemente por interpósita persona un fantástico contrato de la secretaría de Educación, que encabeza Emilio Chuayffet, para la impresión de libros de texto por más de mil 200 millones de pesos que cobrará el siguiente año. De seguro la diputada Laura Barrera debe estar muy feliz por los éxitos en los negocios de su señor esposo.
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Si alguien cree que el presidente está muy compungido por lo que pasa en el país, el desprestigio de su gobierno y el repudio popular a su persona, pues se equivoca. Enrique está muy tranquilo, podría decirse que hasta feliz y relajado. Aunque la nación se incendie, él no deja de reunirse a echar el whisky y jugar unas amenas rondas de golf los fines de semana con sus cuates en Ixtapan de la Sal. Gran Reserva es un paraíso, su Disneylandia donde todo es mágico y hermoso.


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