Terminará el sexenio y los hospitales que Eruviel dejó arrumbados a medio construir tendrán que esperar mejores tiempos. Ninguno será terminado por esta administración. El hospital de tercer nivel en Tlalnepantla se quedará con 65% de avance, el Oncológico de Ecatepec con 58%; el general de Zumpango, 45%; Coacalco, 63%, Tepotzotlán, 52%; Zinacantepec, 47%; Chicoloapan, 35%; Acolman, 22%; Izcalli, 35%, y Aculco en un lamentable 19%. La destrucción de bienestar por incompetencia es costosísima.
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Los tentáculos naranja de MC en el Estado de México son amplios y enredados entre las élites. Su historia local es de pragmatismo salvaje. Lo mismo anda por la derecha que por el centro o la izquierda, eso es lo de menos, de lo que se trata es de ganar posiciones no importa con quién ni para qué. Colaboracionista siempre. Lo mismo apoya para la presidencia una elección a AMLO y a la siguiente a Anaya. Así de consistente. La maestra Delfina e Higinio Martínez, fueron alcaldesa y diputado bajo su logo. En las elecciones del 2023 será un jugador relevante, no porque tenga posibilidades de ganar por sí solo, pero su porte encaje puede inclinar la balanza. El negocio ha ganado plusvalía.
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Como negocio, lo que queda del PRD en el Estado de México puede ser muy rentable de cara al 2023. Ese partido valdrá 2 o 3 puntos porcentuales de la votación, muy valiosos en un escenario de competencia muy cerrada donde la diferencia entre primero y segundo lugar se proyecta menor a 5 puntos. Omar Ortega lo sabe y se cotiza. En esa lógica construye la narrativa de no participar en la alianza y con candidato propio. Solo se está encareciendo.
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Una fracción de las élite priista que desde hace décadas posee una parcela del poder, ha diseñado una estrategia de participar en al menos dos pistas principales: la primera, institucional, con la candidata o candidato de su partido. La segunda, con el grupo de Morena que controla los órganos locales del dirección con ha planteado una posible transición pactada. Juegan a la seguro, no importa quién sea el ganador mientras ellos ganen y mantengan sus privilegios. Es grave, fuego sucio, juego de traidores.
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Muy delicado el cuchicheo político en boga que coloca como protagonista a Edgar Castillo, el muy querido hermano del aspirante Ricardo Aguilar. Historias atrases en las que mezclan verdad con mentiras para hacerlas verosímiles y que hablan del sorprendente progreso económico del ex líder de la CNC y sus presuntas amistades peligrosas con personajes de la delincuencia que operaban abiertamente en Jilotepec. Suena a canallada, pero lo cuentan con desparpajo sin que alguien les ponga un alto… hasta ahora.


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