Se dice que…

Desde hace más de una década grupos subversivos han dejado constancia pública de su presencia en el Estado de México. Sus acciones propagandísticas no son nada nuevo, como tampoco lo ha sido la aparente indiferencia del gobierno. Los explosivos colocados en 9 unidades del transporte colectivo MEXIBUS, reivindicados por el grupo ambientalista  autodenominado “Secta Pagana de la Montaña”, se agrega a un largo historial de hechos enviados al archivo muerto del Estado, al olvido de esta tierra donde nunca pasa nada. * En noviembre del 2005 las agrupaciones radicales «México Unido Contra la Pobreza» y «Comando Revolucionario del Trabajo México
noviembre 2, 2015

Desde hace más de una década grupos subversivos han dejado constancia pública de su presencia en el Estado de México. Sus acciones propagandísticas no son nada nuevo, como tampoco lo ha sido la aparente indiferencia del gobierno. Los explosivos colocados en 9 unidades del transporte colectivo MEXIBUS, reivindicados por el grupo ambientalista  autodenominado “Secta Pagana de la Montaña”, se agrega a un largo historial de hechos enviados al archivo muerto del Estado, al olvido de esta tierra donde nunca pasa nada.

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En noviembre del 2005 las agrupaciones radicales «México Unido Contra la Pobreza» y «Comando Revolucionario del Trabajo México Bárbaro» hicieron estallar bombas caseras en 2 sucursales de Bancomer en Naucalpan y Atizapán. El 31 de diciembre del 2009, desconocidos lanzaron petardos, contra sucursales bancarias de Bancomer y Banamex ubicadas en Toluca y Metepec. En 2010,  las llamadas «Brigadas de Acción Revolucionaria por la Propaganda, por el Hecho, y la Acción Armada ‘Simon Radowsky'» y el «Comando de Ajusticiamiento 25 de mayo de 1910» explotaron artefactos en una agencia de Nissan de Coacalco, una sucursal Telmex en Nezahualcóyotl, una agencia Ford en Tlalnepantla, el rastro de Atizapán y en sucursales BBVA Bancomer y Banamex de Toluca. La noches del 2 de mayo del 2012 fue arrojado un artefacto explosivo a las instalaciones de la Secretaria de Seguridad Ciudadana en Villa Victoria, al sur del estado de México. En noviembre del 2014 en Naucalpan fueron atacadas con explosivos sucursales de Banamex y Scotiabank, los responsables dejaron el mensaje: “Libertad, Ayotzinapa Vive, fue el Estado”. Días antes, en Ecatepec se registró una explosión en una sucursal de Soriana. En internet circuló un comunicado en que supuestamente el Ejército Popular Revolucionario se adjudicaba el ataque. Apenas en julio pasado, un servidor público de la visitaduría de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México en Ecatepec fue lesionado al estallarle una carta bomba rotulada como “queja anónima”. No, no son hechos aislados, como afirman con desparpajo en el gobierno.

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Y mientras el fin de semana explotaban unidades del MEXIBUS en Ecatepec, el secretario General de Gobierno publicaba en su perfil público de redes sociales una fotografía en la fiesta de la boda de Alfredo Baranda Jr., acompañado del propio Alfredo Baranda padre, Alfredo del Mazo González y Alfredo del Mazo Maza. Todos muy sonrientes.

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Juan Villa Mir, dueño de OHL, empresa constructora bajo sospecha de estar saqueando los recursos públicos del Estado de México a mereced de sus corruptas relaciones con hombres del poder local, fue colocado por la revista FORBES en el lugar numero 9 de la lista de los hombres ricos de España con una fortuna personal calculada en 2 mil 700 millones de euros. Villa Mir, con titulo nobiliario de Primer Conde de Villa Mir, según su biografía oficial, fue Ministro de Hacienda y Vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos en el primer gobierno del rey Juan Carlos I, entre el 12 de diciembre de 1975 y el 5 de julio de 1976, durante la presidencia del franquista Carlos Arias Navarro, apodado el “carnicerito de Málaga” por su papel activo en la represión. De ese tamaño es la sanguijuela que tiene encima el Estado de México.   

 

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