Es muy poco probable –por no decir imposible– que Eruviel sea el candidato del PRI a la presidencia de la república, aunque lo desee encendidamente… y algunos lo alienten. Es más fácil que a una culebra le salgan piernas que Ávila Villegas despache algún día desde Palacio Nacional, pero no puede negarse que aún le queda cierto capital político, suficiente para considerarlo como un protagonista o animador del proceso. Le han caído bien sus andadas por la Ciudad de México, porque lo mantienen en el candil de la prensa. Quien colocó a Eruviel en el PRI chilango seguramente le dará juego pues lo utilizará para inducir y legitimar la designación efectiva.
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Qué bueno que Eruviel se fue a la Ciudad de México: por acá, no se le ve bien ni se le quiere mucho. Y es que no hay día en que al exgobernador no le encuentren los esqueletos que dejó su administración en el clóset. Da la impresión de que estaba rodeado de rufianes que únicamente se dedicaban a saquear el erario estatal. Puede ser que lo hayan traicionado o que actuaran a sus espaldas pero, por acción u omisión, él era el responsable.
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Es un desvarío pensar que todo lo que Morena toca se vuelve bueno, como si el pasado pudiera borrarse con un simple cambio de camiseta. Higinio Martínez es un político bribón –como el peor del PRI, PRD, PAN o cualquier otro–; así está acreditado con su desempeño a lo largo de casi 30 años de estar brincando de un cargo a otro y de un partido a otro. Higinio es para Texcoco lo que Aarón Urbina para Tecámac. Hacerlo senador de la república, más que un error, es un insulto que los electores no deben tolerar.
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Una buena y una mala: la buena es que Morena no hará a Óscar González candidato al senado. La mala, que posiblemente lanzará a Higinio Martínez. Nadie en su sano juicio, o que no actúe bajo engaño, votaría por Óscar González. El fatal exalcalde de Metepec, exdiputado federal y exdiputado local pretendía que Morena lo hiciera senador de la república, pero lo rechazaron. Parece increíble, pero la decadencia política es tal que personas como el petista pueden seguir activos.
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No es por ser aguafiestas, pero alguien debería decirle a los propagandistas del gobierno que le bajen tres rayitas a su euforia por la buena nueva de que los secuestros han bajado 33 por ciento este año (en comparación con el anterior), al pasar de 174 en 2016 a 116 en 2017; por supuesto, es una buena noticia, y no habría por qué restarle méritos, pero nadie prudente puede celebrar si, al mismo tiempo que bajaban los secuestros, subían los robos con violencia ¡84 por ciento! –de 20 mil 409 a 37 mil 721–, y las extorsiones se disparaban 30 por ciento, al pasar de 585 a 625. Seriedad, señores.


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