Se Dice Que…

En buena medida, el destino político del candidato del PRI a la presidencia de la república se definirá en el Estado de México. Si Meade no gana aquí, difícilmente podrá instalarse en Los Pinos. Los optimistas calculan que los mexiquenses pueden darle hasta cuatro millones de votos –un millón más de los que obtuvo Peña en 2012–; los pesimistas, que no serían más de dos millones –la misma cantidad con la que Alfredo del Mazo ganó la gubernatura–. Meade entiende que, sin el Estado de México, es nada. * Pasadas las primeras 48 horas de la confirmación de Meade como
noviembre 28, 2017

En buena medida, el destino político del candidato del PRI a la presidencia de la república se definirá en el Estado de México. Si Meade no gana aquí, difícilmente podrá instalarse en Los Pinos. Los optimistas calculan que los mexiquenses pueden darle hasta cuatro millones de votos –un millón más de los que obtuvo Peña en 2012–; los pesimistas, que no serían más de dos millones –la misma cantidad con la que Alfredo del Mazo ganó la gubernatura–. Meade entiende que, sin el Estado de México, es nada.

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Pasadas las primeras 48 horas de la confirmación de Meade como candidato, no ha habido una sola expresión pública masiva de celebración de las bases priistas. Más allá de los comentarios de protocolo de los miembros de la elite y del argüende mediático,  el destape pasó de noche para la mayoría. La gente está ocupada y preocupada en otras cosas. Muchos, quizá la mayoría de los priistas de base, no conocen a Meade. Obvio, nunca ha militado en ese partido.

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Aunque el discurso público de los priistas es, más que optimista, triunfalista, en privado es otra cosa. Alcaldes, diputados, funcionarios públicos, etcétera, no tienen empacho en expresar en corto su preocupación, sus miedos. No son pocos los que atemorizados revelan, casi como un sino, la derrota inminente. La gente está muy enojada; no hay forma de convencerlos, dicen apesadumbrados. El mayor indicativo de su estado de ánimo es que ahora le piensan para lanzarse al ruedo como candidatos. Están apanicados.

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Del otro lado están los envalentonados y pendencieros, aquellos que creen que ya ganaron unos ocho meses antes de las elecciones. Cierto, el grado de reconocimiento popular de Andrés Manuel es muy superior al de Meade, pero eso no es suficiente para ganar una elección. Los priistas son expertos en sacar sangre de las piedras cuando de ganar elecciones se trata: se las saben de todas, todas, y tienen a su mano todos los instrumentos legales –y no legales– para hacer de las siguientes votaciones unas de las más competidas. Nadie ha perdido ni ganado de antemano; la moneda está en el aire.

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El que parece no estar nada preocupado es el presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, quien no deja de posar para la foto. Sonrisa de oreja a oreja –como si todo marchara sobre ruedas–, exalta su imagen en las portadas de revistas de todo tipo, de Cuadratín a Chic. Más que el presidente de un partido que se prepara para una batalla de vida o muerte, asemeja a un candidato en campaña. Los resultados en julio dirán si hizo bien o no las cosas.            

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