Se dice que…

En Calimaya todo el mundo sabe del obsceno enriquecimiento del presidente municipal. Los desplantes de “nuevos ricos” del alcalde Armando Levi Torres Aranguren, de Juan, su padre, y de Juanito, su hermano menor, son tema en las conversaciones familiares, en las oficinas del gobierno, en los mercados y hasta en las parroquias. Antes de ser alcalde, Armando habitaba en una modesta vivienda de Metepec; ahora tiene una residencia en Calimaya, a un lado compró otra para sus padres y, al otro lado, otra más para su hermano; sin embargo, en total ya se hizo de seis casas en su propia
diciembre 19, 2017

En Calimaya todo el mundo sabe del obsceno enriquecimiento del presidente municipal. Los desplantes de “nuevos ricos” del alcalde Armando Levi Torres Aranguren, de Juan, su padre, y de Juanito, su hermano menor, son tema en las conversaciones familiares, en las oficinas del gobierno, en los mercados y hasta en las parroquias. Antes de ser alcalde, Armando habitaba en una modesta vivienda de Metepec; ahora tiene una residencia en Calimaya, a un lado compró otra para sus padres y, al otro lado, otra más para su hermano; sin embargo, en total ya se hizo de seis casas en su propia privada. Eso apenas es la punta del iceberg. La corrupción en el empobrecido municipio es de desquiciados.

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Juan Torres y Juan Torres júnior, padre y hermano de Armando Levi, han encontrado un lucrativo negocio con información privilegiada del catastro municipal: identifican predios valiosos en litigio o abandonados, y los invaden para posteriormente reclamar la propiedad y venderlos. Se han agenciado así grandes extensiones que comerciaron de inmediato, lo que les dejó millones de pesos en ganancias. Es mucha la gente despojada, y un buen número son personas mayores, pobres e ignorantes, sin posibilidades de defenderse.

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No es que el alcalde de Calimaya se esté robando el dinero, no. Se ha enriquecido con el explosivo crecimiento del comercio inmobiliario, pidiendo moches a los desarrolladores para facilitarles permisos y dotar a sus fraccionamientos de servicios públicos; allí está su cuerno de la abundancia.

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Armando Levi se cree intocable gracias a sus relaciones políticas. Al menos eso sostiene, cuando presume como su padrino y protector a Emilio Gamboa Patrón. Ciertamente, existe una relación entre el polémico alcalde y el poderoso senador, pero es a través de una tercera persona. Pero, así fuera amigo del presidente, eso no debería ser una patente de corso para robar impunemente a manos llenas. Por lo menos eso dice la gente, que está poco más que enojada. Ya se verá si lo castigan el próximo año en las urnas o todo queda en rabietas.

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Se han cumplido tres meses de aquellos terribles sismos del 19 de septiembre, y la ayuda ha llegado, pero desordenada. Quien se dé una vuelta por las zonas más afectadas (particularmente del sur del estado) podrá comprobar cómo el panorama sigue siendo desolador. Pero no todo es responsabilidad del gobierno: también de la gente, que no se organiza, no exige ni gestiona… y, peor aún, de los bribones, que ven en la tragedia y el caos la oportunidad de lucrar. Dinero para la reconstrucción hay pero no llega o llega a los destinatarios equivocados. Falta más organización, firmeza y decencia.

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