A juzgar por los resultados, en materia de seguridad, las cosas no han mejorado con este gobierno, y las propias cifras oficiales así lo revelan. De septiembre 2017 a diciembre 2017, fueron reportados 99 secuestros, casi el triple de los 34 registrados en el mismo periodo de arranque de la administración de Eruviel. Peor aún, sólo en enero pasado se tuvo conocimiento formal de 29 casos más. Esos 128 secuestros en la era Del Mazo son golpes durísimos para la secretaria de Seguridad Pública, Maribel Cervantes, sobre quien se tenían muchas expectativas, pero a golpe de realidad se han venido diluyendo.
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Además de injusto, es un auténtico despropósito esperar que en 5 meses cambie radicalmente una situación tan deteriorada como la seguridad pública en el Estado de México, pero tampoco se trata de que empeore, como ha sucedido en el caso de uno de los delitos de alto impacto, como el secuestro. El gobierno tiene a su alcance toda la fuerza del Estado para el combate a los criminales. Aquí está el Ejército, Marina, Policía Federal, CISEN, policía estatal y municipal con fondos públicos por decenas de miles de millones de pesos, pero las cosas no marchan bien. Algo está fallando otra vez.
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El estado de salud de Pablo Peralta es un verdadero enigma, como el vaso medio lleno o medio vacío, todo depende cómo se vea o quién hable de ella. Hay dos versiones: una, que efectivamente está enfermo, con una afección cardiaca diagnosticada de última hora; la otra, que no tiene nada físicamente, que está muy sano y que su indisposición es estrictamente política, no recibió el apoyo que él consideraba necesario para competir en un escenario de amplia desventaja y que optó por el aquí corrió, antes que el aquí murió. Tan vivito y coleando está, que en unos días partirá con su familia a Suiza, unos dicen que a recibir tratamiento médico, otros que a tomarse unas largas vacaciones hasta después de julio. Lo que sí está confirmado es que ya no regresa a su curul en la Legislatura local.
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Con el cambio de administración, la UAEM está replanteando su relación comercial con los medios de comunicación y eso ha provocado diversas reacciones, algunas muy virulentas de quienes consideran afectados sus intereses. El rector y el secretario de Administración y director de Comunicación Universitaria, tomaron la decisión de modificar contratos publicitarios. El tema debería ser ventilado públicamente para evitar tentaciones autoritarias y sospechas de maniqueísmo.
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Al que se le está cayendo el cielo en pedazos es al ex rector, ex secretario de Educación y ex secretario general de Gobierno, Efrén Rojas Dávila, considerado la mente detrás de las decisiones de la dirigencia estatal del PRI. Con nadie ha quedado bien el estratega electoral del chuayffetismo, más allá de su jefe Ernesto Nemer. Los que perdieron están que trinan y los que ganaron también, consideran que las cosas no se están haciendo bien y la mayoría tiene la sensación de que los están mandando a la guerra sin fusil. Si el PRI gana, pocos le agradecerán a Efrén, pero si pierde, todos se le lanzarán a la yugular, él será el que pague los platos rotos.


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