La vida de las personas es una rara mezcla de azar e indeterminación de la que buscamos escapar adscribiéndonos a algún tipo de orden: pertenecer a una familia, inscribirse en una escuela, afiliarse a un club o tener un empleo, son sólo ejemplos de la forma en que metabolizamos el desorden en nuestras vidas. Sin embargo, no todos corren con la misma suerte para conseguirlo de forma permanente y favorable, además de que como sociedad no siempre generamos las mejores condiciones para que todos tengan cabida. En esta ocasión quisiera referirme al caso de ese sector de la población al que se le denomina jóvenes. Más allá de las delimitaciones conceptuales precisas para identificarlo, todos tenemos una idea clara de quiénes conforman ese sector, sea por la edad, por el rol que cumplen o por los comportamientos típicos.
Bien, pues ser joven y estar en busca de trabajo estable bien remunerado y con todas las prestaciones es algo que muy difícilmente se consigue en Toluca; y no porque en otras latitudes ese problema no exista, sino porque la nuestra es una de las ciudades del país con las condiciones más desfavorables para conseguir un empleo que no sea precario. La precariedad laboral es un término que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) utilizó por primera vez en 1974 y se refiere a la inestabilidad en el empleo, a la no existencia de contratos o contrataciones por tiempo corto y a lo que se puede añadir la no adscripción a servicios de salud o seguridad social en general.
Un estudio publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México (a través de su revista Convergencia) revela una presencia constante de condiciones laborales precarias para el sector de la población comprendido entre los 14 y los 29 años de edad en el Valle de Toluca. Las investigadoras que realizaron el trabajo aseguran que, “si bien el empleo precario no es exclusivo de un sector de la población, es la población joven el grupo más vulnerable a ubicarse en este tipo de empleo”, y agregan que dicho grupo poblacional es el “más sensible para insertarse y permanecer en el mercado laboral como fuerza de trabajo barata”, porque “es vista como mano de obra primeriza, y con ello con poca o nula experiencia laboral, con alto nivel de productividad, y en muchos casos con bajo grado de escolaridad o escolaridad trunca”.
Tras analizar datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que realiza el INEGI, mostraron que desde el año 2005 hay una clara tendencia en el Valle de Toluca: “los jóvenes asalariados reflejan un contexto de la precariedad laboral bajo esquemas de explotación global con condiciones de jornada sin descanso, sin organización sindical ni contratación legal, con bajos ingresos”.
Los factores analizados en la investigación fueron el salario (considerando precariedad la obtención de menos de dos salarios mínimos), la temporalidad (que identifica sobre todo los contratos temporales), la jornada completa (para determinar aquellos que sólo son empleados parcialmente o también quienes laboran más allá de la jornada legal), la seguridad social y las prestaciones (si se tienen acceso a ellas o no), el contrato, (si existe o no) y el sindicato (si el trabajador está afiliado a uno o no). Tras la ponderación de estos factores para los quinquenios 2005 y 2010, se llegó a la conclusión de que hace 15 años sólo 10.7% de los asalariados totales (personas de 14 a 97 años de edad) de la ciudad de Toluca contaban con un empleo considerado no precario, en tanto que el restante 89.3 presentaba algún rango de precariedad en su empleo, sea bajo, medio, alto o extremo. Esta tendencia se mantuvo cinco años después, en 2010, cuando únicamente 11.4% de todos los empleados en esta región poseían un empleo no precario. Se puede advertir que transcurrido un lustro más las cosas no han cambiado sustancialmente, al contrario.
El estudio revela también algo muy interesante: mientras que en el año 2005 los jóvenes representaban la porción de los trabajadores con el nivel más alto de precariedad laboral, para el 2010, es la población adulta quien muestra la participación más alta en este nivel con 21.6%, superando a los jóvenes con 19.7%. Esto es realmente una evidencia más del deterioro que sufre el mercado laboral en nuestro país e indicaría que quienes eran jóvenes y se emplearon en condiciones de precariedad laboral, al pasar a la etapa adulta siguen en esas condiciones.
Esta situación sólo puede ser resultado de dos cosas: la primera (y también lo revela el estudio referido) es que las variables como edad, el sexo y el nivel de escolaridad no son los factores más importantes para que los asalariados tengan mejores empleos, por el contrario, son las características de la demanda de trabajo, o sea lo que las empresa empleadoras buscan; y, segunda, la legislación laxa en la materia que no hace nada ante una realidad como esta.
Hoy que estamos en los prolegómenos de las campañas electorales, cuando estamos comenzando a ser recordados por quienes cíclicamente solicitan el voto para conformar los poderes legislativos local y federal, hay que preguntarles a los candidatos si tienen ideas para dar solución a este tipo de problemáticas, si no es así, pues con la pena, hay que decirles: infórmese, piénsele y luego viene.
El autor es Profesor-Investigador de Facultad de Antropología
Universidad Autónoma del Estado de México


Síguenos