Sálvese quien lea

Platero y yo   La poesía de Juan Ramón Jiménez es una de las cúspides mayores de la poesía española del pasado siglo (los hay que afirman que es la más grande, a secas). Como asevera Francisco Brines: “Su importancia es tan evidente que no existe otro poeta cuya influencia entre nosotros haya sido ni más constante ni más diversa que la suya. Si maestros, y excelentes, son los poetas de la generación del 27, a su ejemplo y enseñanza deben muy buena parte de su formación”. Tan sólo con estas afirmaciones –y el hecho no menor de que su
octubre 29, 2015

Platero y yo

 

La poesía de Juan Ramón Jiménez es una de las cúspides mayores de la poesía española del pasado siglo (los hay que afirman que es la más grande, a secas). Como asevera Francisco Brines: “Su importancia es tan evidente que no existe otro poeta cuya influencia entre nosotros haya sido ni más constante ni más diversa que la suya. Si maestros, y excelentes, son los poetas de la generación del 27, a su ejemplo y enseñanza deben muy buena parte de su formación”. Tan sólo con estas afirmaciones –y el hecho no menor de que su obra mereció el Premio Nobel de Literatura en 1956–, valdría la pena revisitar la lírica de este insigne poeta.

Mas no todo es versos y estrofas en J. R.: también su prosa es “toda poesía”, como me comentó una colega cuando leyó “Platero y yo”, la historia del borriquillo lleno de bonhomía, dulzura y amor (“figura mítica de delicadeza y sensualidad pura”), que bien cabría aunarse a las emblemáticas de otros personajes legendarios, como Alicia, el Principito o la Caperucita Roja.

En sesenta y tres breves capítulos, el poeta describe su pulcra relación con su amigo fiel, con sus cofrades y vecinos, y nos hace sentir realmente el calor humano –por llamarle de algún modo– de este animal, mucho más humanista que muchos de nuestros congéneres.

“[…] en el campo de la prosa poética no alcanzo a ver parangón posible con él, dada su diversidad, abundancia y altura estética”, continúa Brines sobre Jiménez. Y “Platero y yo” es quizá el mejor ejemplo de ello.

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