Esta novela está escrita con dos narraciones alternadas: la primera cuenta la historia de Isolda, una niña que vive encerrada en el castillo de su padre, don Diego; este hombre no quiere que su hija conozca “el mundo de afuera”, motivo por el cual la pequeña se escapa al bosque, donde crea seres fantásticos que serán sus amigos. Este episodio recupera muchos elementos fantásticos y poéticos, muy al estilo de los hermanos Grimm. Por otra parte, encontramos a “El Mono” Riascos, líder de una banda de plagiarios, quienes secuestran a don Diego. Esta sección está narrada con crudeza, por lo que Laura Restrepo –quien presidió el jurado dictaminador que le otorgó el XVII Premio Alfaguara de Novela, en 2014– aseveró que parecía una película de los hermanos Coen.
Técnicas cinematográficas como el “flashback” y la narración paralela, así como influjo del cuento folclórico y la crónica de sucesos, hacen que críticos como Ángel Basanta, de “El Cultural”, apunten que “Jorge Franco ha construido una buena novela, de tensión y ritmo crecientes, con algunos personajes redondos y una lograda síntesis de narratividad, diálogos ágiles en su espontaneidad y fluidez, más la riqueza simbólica y el interés de la parodia y el humor”. Sin embargo, para quien esto escribe, la novela no logra nada de ello: no hay personajes memorables, la tensión narrativa es mínima… al final, una novela completamente prescindible, como todo a lo que nos tiene acostumbrados el Premio de una editorial más preocupada por la farándula literaria y las ventajas pecuniarias que por la calidad artística.


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