Como estudiante de meditación, constantemente me cuestiono cuál es la función práctica de esta disciplina. He de ser sincero y no siempre tuve con claridad la respuesta a esta pregunta. Lo mismo sucede cuando una persona interesada me cuestiona sobre la practicidad del “no-hacer”, como también podríamos llamarle a la meditación.
Como muchos saben, el objetivo más común de la meditación es lograr difuminar cualquier clase de pensamiento para dejar fluir lo que se conoce como el “yo interior”. Maestros de la disciplina aseguran que ahí donde acaba la mente; es decir, cualquier tipo de actividad intelectual, es donde realmente comienza a fluir el “ser superior” o el estado de la “no mente” cuando comenzamos a meditar. Aunque parece sencillo es más complejo de lo que parece, sobre todo porque al comienzo resulta muy complicado controlar los pensamientos.
La mente es inquieta y toma su tiempo siquiera intentar controlarla. Existe una profunda relación entre los pensamientos y el flujo de nuestra respiración. De algún modo, aprender a controlar la respiración nos ayudará a controlar nuestros pensamientos. Al lograr controlar el flujo de pensamientos que habita en la mente comenzaremos a conectar con las sensaciones de nuestro cuerpo, algo que difícilmente nos detenemos hacer hoy en día.
Otro beneficio práctico que aporta la meditación es que nos brinda un oasis de claridad y conexión interior en una realidad hipermediatizada y saturada de estímulos. Es bien sabido por todos que vivimos en una época donde surgen vertiginosos cambios en poco tiempo y la velocidad a la que nos desplazamos como especie cambió drásticamente desde hace un siglo por lo menos. Imagina que el cerebro es una computadora que cada día recibe cientos de gigabytes de información y corre múltiples programas al mismo tiempo. Esta gran demanda de energía se lleva a cabo las 24 horas los 365 días. Meditar sería lo equivalente a reiniciar la computadora para que pueda funcionar más eficientemente después de largos periodos de actividad intensa.
Por último, pero no menos importante, creo que uno de los tantos beneficios que brinda la meditación -y uno de los más importantes- es el llegar a un estado de amor propio, algo que resulta imprescindible para -lo que ya muchos sociólogos llaman- la generación más deprimida de la historia (los millenials). No quiero ser simplista pero considero que esta crisis de ansiedad y depresión se debe en gran medida por: 1.- Pérdida de perspectiva. Gran parte de esta generación (en la que me incluyo) hemos tenido lo que generaciones enteras soñaron, pero hemos perdido perspectiva de ello. 2.- El deseo de ser otro. La ansiedad podría también ser el resultado de una sobreexposición a la vida de personas que se encuentren en una mejor posición social, económica, etc. Esto, a quien no acepta su realidad como es, puede caer en este vórtice de sensaciones adversas.
Con la meditación, aprendemos sutilmente a aceptar nuestra realidad como es. Esto nos ofrece constantes momentos de paz mental y tranquilidad incluso en tiempos turbulentos. Técnicas para meditar hay miles y están al alcance de todos. Si aún no tenías motivos muy claros para comenzar, espero este artículo pueda servirte como una breve guía para descubrir los beneficios que esta milenaria práctica nos aporta.


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