Los lamentables hechos ocurridos el treinta de junio de dos mil catorce en Tlatlaya, con la muerte de veintidós civiles en manos del ejército, sin juicio alguno y que sólo gracias a la presión internacional condujo a la cárcel a algunos militares, más la destitución del responsable de la zona militar a la que pertenecían, sin cerrarse aún el caso.
El despertar académico e independista del Instituto Politécnico Nacional, que logró la suspensión definitiva de planes reformados en perjuicio de sus carreras y la invalidez del reglamento interior, entre otros, continuando con una lucha para lograr su autonomía institucional, con marchas anunciadas y paros de labores en proceso.
La atrocidad de la muerte y desaparición de estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, que concentra en estos momentos la presión nacional e internacional en contra del gobierno local y federal, con una caja de pandora abierta en su totalidad, con los contenidos que se alcanzan a ver, dejan impactada a la sociedad por el claro vínculo de gobiernos coludidos con la delincuencia, creando incertidumbre y zozobra en los habitantes de nuestro país, que se solidariza en marchas y manifestaciones de repudio a los acontecimientos que no pueden volver a ocurrir.
Por los acontecimientos anteriores, para muchos pasó desapercibido que la Cámara de diputados del Congreso de la Unión, aprobó el pasado jueves, la ley de ingresos para dos mil quince, fijando como precio de la gasolina magna la cantidad de $13,31 al mes de diciembre del año en curso, gracias a los gasolinazos mensuales restantes, lo que se traduce a un 33% más cara que en Estados Unidos.
En el mes de enero del año entrante, sobre el precio citado aumentará un 3% más, en un sólo golpe contra la economía de los mexicanos, aseguran los diputados que el aumento es equivalente a la inflación calculada, precio que se sostendrá hasta que la propia inflación requiera otro aumento a las gasolinas y el diesel.
Las consecuencias de estos aumentos son por todos conocidos, subirán los costos de productos y servicios, el pasaje, alimentos, vestido, colegiaturas, por mencionar algunos, que traerá como consecuencia el aumento automático del famoso IVA, que pagamos los consumidores, a pesar de la promesa gubernamental de no imponer nuevos impuestos.
Nada alentador se ve el panorama de dos mil quince para la gente de carne y hueso, más vale prepararse para las sorpresas venideras, no nos vayan a agarrar descuidados, porque camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.



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