Desde hace tiempo el SUTEYM es más un instrumento de control político-laboral, brazo político priista, mafia, que un sindicato al servicio de los trabajadores. El penoso capitulo reciente de balacera, sangre y muerte dentro de unos sus edificios emblemáticos, describe perfectamente su decadencia. En tiempos de cambio eso no tendría que suceder. Ojalá sea el capítulo final a una penosa historia herencia del antiguo régimen.
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Al hoy prófugo asesino presidente de la Comisión de Vigilancia, René Palomares, lo encumbró Herminio Cahue. La historia política de uno no podría explicarse sin el otro. Así de cercanos. Herminio ha optado por el silencio frente a un espantoso hecho de sangre protagonizado por uno de sus incondicionales. Debe explicaciones y, si tiene vergüenza y dignidad, tendría que presentar su renuncia. No es un hecho menor, pretender trivializarlo como con un caso de nota roja es de cretinos.
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Las preguntas alrededor de lo sucedido en la «Casa del Servidor Público” del Estado de México sobran y faltan respuestas. El SUTEYM es una organización gremial que maneja cientos, quizá miles de millones de pesos. Desde hace mucho se habla sobre el “Fondo de Mutualidad” y supuestos malos manejos. La Fiscalía General de Justicia no debe apresurarse y entregar explicaciones fáciles. Algo apesta muy fétido.
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A los señores que manejan el SUTEYM hay que responsabilizarlos en buena medida del catastrófico pasivo laboral en los municipios y organismos autónomos. Perversa estrategia político-económica mafiosa para expoliar las arcas públicas y obstaculizar a los gobiernos de signo adversario. Es tiempo de abrir el debate en torno a ese sindicato.
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Todo lo que sube tiene que bajar. En Huixquilucan ha iniciado la cuenta regresiva para el recambio político. La correlación de fuerzas se ha modificado disponiendo las cosas para que en 2027 se cierre el ciclo de la familia Vargas. A pesar de lo que se ha intentado aparentar en Huixquilucan, las clases populares son mayoría y están listas para hacer el cambio. Tic, toc.


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