En Ocoyoacac, Estado de México, se preserva una joya gastronómica única: el tamal de ollita. Este platillo, infaltable en la celebración del Día de la Candelaria, es un símbolo de tradición que ha pasado de generación en generación dentro de las comunidades indígenas.
Más que un tamal, una tradición
A diferencia de los tamales convencionales, el tamal de ollita se distingue por su forma peculiar y su preparación artesanal. Según Georgina Acosta, vendedora local, estos tamales deben su nombre a su estructura en forma de pequeño hoyo u “ollita” hecha con el dedo índice. Su interior se llena de chile y carne, y al abrirlo, el relleno se desliza deliciosamente.

Raíces prehispánicas
Este manjar tiene sus orígenes en la época prehispánica, cuando era parte de festividades y rituales en honor a la fertilidad de la tierra. Con el tiempo, se integró a la celebración del Día de la Candelaria, cuando quienes encontraron el “muñequito” en la rosca de Reyes deben invitar los tamales y el atole.

Preservando la tradición
Para garantizar la continuidad de estas recetas ancestrales, el Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas del Estado de México (CEDIPIEM) ofrece talleres gastronómicos abiertos al público durante todo el año.
¿Dónde aprender más?
Los interesados pueden acudir a Nigromante 305, Colonia La Merced, Toluca, Estado de México, y sumarse a la iniciativa de rescatar y disfrutar la auténtica cocina tradicional mexicana.



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