Tecnocracia vs Política

Mientras los gobiernos discuten prioridades, esta casta decide tiempos, montos y silencios
febrero 10, 2026

La tecnocracia invisible

En el Estado de México, gobierna una paradoja: el poder más grande es el que menos se ve. Más de cuatrocientos mil millones de pesos al año pasan por la Secretaría de Finanzas y los administra una tecnocracia que no pide legitimidad porque no la necesita. No hace política, pero la determina; no tiene proyecto, pero fija los límites de todos. Opera con criterios contables que suenan neutrales y terminan siendo decisivos. Mientras los gobiernos discuten prioridades, esta casta decide tiempos, montos y silencios. El Estado se mueve cuando la contabilidad lo permite; todo lo demás es conversación.

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La beneficencia sin vitrina

Durante décadas, el DIF fue el escaparate amable del poder: un espacio casi caritativo donde desfilaban consortes, hijas e hijos del gobernante en turno. Hoy, ya no. Bajo una conducción de bajo perfil, el DIF estatal opera sin sentimentalismo ni protagonismo familiar. No hay giras emotivas ni caridad exhibida; hay gestión silenciosa de lo social más duro. El cambio es de fondo: dejó de ser ornamento y se volvió instrumento. Cuando la política social se administra sin vitrina, el poder se vuelve menos visible y más eficaz.

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El estratega sin escenario

Hombre con gafas sentado en una mesa con micrófono, hablando durante un evento, con botellas de agua y documentos visibles.

Hay un personaje en el organigrama que pocos mencionan y muchos deberían observar: Rafael Flores Mendoza. No llegó desde el circuito mexiquense del poder; es zacatecano, abogado, con una trayectoria construida fuera del Edomex. Fue diputado federal, presidente municipal y secretario de Turismo en Zacatecas antes de asumir una posición clave en la planeación estatal. No proviene del activismo local ni del cálculo electoral, sino de la administración pública profesional. Su currícula explica el encargo: ordenar, medir y priorizar. Cuando el diseño manda, el origen importa.

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La regularización del híbrido

El dato es clave: más de veintidós mil efectivos del CUSAEM, hoy en una franja ambigua entre lo público y lo privado, podrían incorporarse formalmente al sistema de seguridad del Estado. Si el proceso se hace bien, no es un riesgo, es una corrección histórica: desactivar el engendro priista, integrándolo a reglas claras, mando definido y control público. Regularizar es quitar discrecionalidad, no ampliarla. A veces transformar al Estado no es inventar, es ordenar lo irregular.

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El relato que sí entiende el mercado

Un hombre con sombrero y una camisa blanca se está saludando con una mujer en un ambiente festivo. Detrás, hay varias personas observando y productos artesanales en una mesa.

La campaña “Un destino hecho a mano” acierta donde otros esfuerzos fallan: entiende que el turismo no se decreta, se narra con identidad. No inventa al Edomex, lo edita; convierte artesanía, gastronomía y territorio en un producto cultural reconocible. El riesgo está en quedarse en marca sin cadena productiva, en vender emoción sin escalar beneficios. Pero como punto de partida es correcto: pasar del folklore disperso a una idea clara de destino. En turismo, como en el poder, el relato solo sirve si ordena la realidad.

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