Como en 2010, Toluca huele a campeón

A veces hay que creer. Porque creer, también es parte del juego
abril 17, 2025

Para determinar al campeón, hay más que argumentos futbolísticos que susurran que Toluca FC serpa campeón. Como Argentina en 2022, los Diablos tienen motivos para soñar con el final de la malaria de no ganar títulos. No todo está en la tabla, también hay señales en la historia, la numerología y la mística que acompaña a este tipo de momentos.

Con ojo analítico, creyente y un tanto conspiranoico, estas son las razones por las que firmemente podemos decir que la 11 está más cerca de lo que se cree.

El Turco tiene una deuda pendiente con el Toluca./ Foto: Futbol Total

Mohamed, con cuentas pendientes

Nacho Trelles es una figura obligada cuando se habla de campeonatos en el fútbol mexicano. Dejó su huella con el Club Marte, Cruz Azul, Zacatepec y Toluca. Antonio Mohamed, por su parte, ha sido campeón con Xolos, América y Monterrey… ¿y Toluca?

El Turco dirigió a Pumas sin éxito, pero en Toluca tiene mejores herramientas: plantel, entorno y respaldo. Y sobre todo, un pendiente que lo ata a este club desde 2012, cuando le negó la onceava estrella con aquellos Xolos que asaltaron el Nemesio Diez. Esta vez, está del otro lado.

Ser líder general le sienta bien a los Diablos. / Foto: Toluca FC

Chepo lo hizo antes

No sería la primera vez que Toluca convierte a su verdugo en redentor. En 2006, Chepo de la Torre le arrebató el título a los Diablos con Chivas. Dos años después, tomó el mando escarlata. En su primer torneo fue campeón. Luego repitió. La historia, si quiere, puede contarse sola.

Cuando Toluca manda en la tabla… gana

En la mayoría de sus títulos, Toluca ha terminado la fase regular como líder o entre los primeros tres: 1966-67, 1967-68, 1974-75, Verano 2000, Bicentenario 2010. Hoy, está en la cima con 36 puntos y la posibilidad de cerrar con 39. El antecedente más cercano es 2010, año en el que con 31 puntos también terminó como primero general y acabó campeón.

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Toluca juega bien, sufre pero gana y eso es lo que importa. / Foto: untonetmx

En ataque también hay señales. Desde Epaminondas hasta Cardozo, pasando por Mancilla y Ferretti, los títulos escarlatas han tenido en común la presencia de un delantero extranjero goleador. Hoy, Paulinho suma 12 goles y busca su segundo título de goleo, con Alexis Vega como socio en ataque, rozando la decena de anotaciones.

Y no es menor el dato del torneo. Toluca juega en el Clausura, torneo de  Verano. En ese formato fue campeón entre 1998 y 2000, bajo el mando de Enrique Meza. Aquel Diablo que se volvió temido por todos, y no por nada es conocido como el “Diablo de los Veranos”.

Contexto que se repite

En 1967, México se preparaba para los Juegos Olímpicos. En 2025, el país se alista para recibir el Mundial. Momentos de coyuntura nacional que históricamente han coincidido con títulos escarlatas.

Efecto Avatar

En 2010, el cine estaba dominado por Avatar. En 2022, Toluca regresó a una final justo cuando se estrenó la secuela. En 2025, otra entrega de la franquicia de James Cameron llega a salas. La narrativa se repite.

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Avatar, película que le trae buenos recuerdos s los aficionados del Toluca. / Foto: 3D Juegos

La numerología también juega

En 2025, Júpiter —el planeta de la suerte y la abundancia— transita por Cáncer hasta junio. Astrológicamente, eso favorece la conexión emocional con el entorno, con la afición, con la identidad de un equipo. 

Al mismo tiempo, Saturno (Como Cardozo), el planeta de la disciplina, se encuentra en Aries, signo de liderazgo y acción. La combinación es poderosa: sentimiento y estructura, ímpetu y orden.

Y el 11, ese número que tanto se le ha negado a Toluca, es considerado un número maestro: destino, intuición, propósito. A veces el fútbol también es eso.

Pero más allá de los astros… juega bien

No hay señal más clara que el juego mismo. Toluca no solo lidera, también gana, gusta y golea. Se adapta, resuelve, compite. El equipo de Mohamed sabe ganar de local y de visita. Tiene estructura, tiene fondo físico, tiene banca. Y, esta vez, parece tener convicción.

A veces hay que creer. Porque creer, también es parte del juego.

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