Cada año, miles de fieles se congregan en Toluca para la peregrinación a la Basílica de Guadalupe, un evento profundamente arraigado en la identidad cultural y religiosa de México. Esta tradición tiene antecedentes que se remontan a tiempos prehispánicos y ha evolucionado con el paso de los siglos.

De acuerdo con Daniel Rodríguez Hernández, las peregrinaciones han acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. «Una peregrinación es acudir a un santuario para pedir, implorar, rogar, agradecer o simplemente venerar a la Virgen María, a Cristo o a algún santo», explica.
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Orígenes y evolución
Antes de la llegada de los españoles, los pueblos indígenas ya realizaban peregrinaciones a templos y adoratorios dedicados a deidades como el sol, la luna o el agua. Con la evangelización y el sincretismo religioso, estas prácticas se integraron al catolicismo y adquirieron un nuevo significado.
«Con el evento guadalupano en 1531, el culto a la Virgen de Guadalupe cobró mayor relevancia, consolidándola como la Patrona de México», señala Rodríguez Hernández.
Las peregrinaciones diocesanas se formalizaron en el siglo XX con la creación de la Pía Unión de Peregrinos, una organización encargada de la logística y el orden de estos eventos. En Toluca, la primera peregrinación diocesana tuvo lugar en 1951, promovida por el obispo Arturo Vélez Martínez.

Un acto de fe
Actualmente, la peregrinación diocesana de Toluca es una de las primeras del año y una de las más numerosas. «Cada peregrino es una historia, un testimonio. Caminan con la certeza de su fe y con una intención en el corazón», afirma Rodríguez Hernández. Durante el recorrido, los fieles se organizan en contingentes que avanzan desde distintas comunidades hasta la Ciudad de México, realizando paradas en puntos clave como La Marquesa y Cuajimalpa.
En este sentido, dijo que la devoción guadalupana sigue en aumento. «El año pasado participaron alrededor de 50 mil personas. Es un evento que está profundamente arraigado en nuestra identidad», destaca Rodríguez Hernández.

Además, subraya que la fe en la Virgen de Guadalupe no solo fortalece la religiosidad, sino también la unión comunitaria. «Hoy más que nunca necesitamos fortalecer nuestras comunidades, y la peregrinación es un símbolo de ello», concluye.






Finalmente, la peregrinación a la Basílica de Guadalupe de Toluca no solo es un acto de devoción, sino también una manifestación de identidad y tradición que sigue creciendo con cada generación.


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