El reloj marcaba las 12 del día, cuando una Suburban gris se detuvo frente al salón Ana Lucía, al poniente de Toluca. De ella bajó Higinio Martínez. Vestía una guayabera blanca, pantalón negro y Skechers oscuros. Entró sin prisa, sin hacer ruido. Adentro, unas 200 personas lo esperaban con pancartas y porras. El evento, citado a las 11:00, arrancó con retraso. Nada de eso pareció importarle: él era el anfitrión de su propio homenaje.
No fue mitin ni ceremonia oficial. Fue un acto deliberado de autoafirmación: Higinio organizó, convocó y se celebró a sí mismo por sus 50 años de carrera política. En un salón sin mayor producción —sillas plegables para la mayoría, algunas Tiffany blancas al frente— se escenificó no un cierre de ciclo, sino el intento de reposicionamiento de un liderazgo que no se ha resignado a la sombra.




Mientras el café y las galletas circulaban, las organizadoras repartían lápices con su nombre. El mensaje era claro: Higinio no mira al pasado, sino al tablero político. Las intervenciones de Mariela Gutiérrez, Miroslava Carrillo y Nazario Gutiérrez, entre otros, tejieron elogios sin matices. Pero lo más revelador fue quién no estuvo: la gobernadora Delfina Gómez, Horacio Duarte, Ricardo Moreno, y la presidenta estatal de Morena, Luz María Hernández. La ausencia fue política. No hubo ruptura explícita, pero sí una distancia que ya nadie disimula.
En su discurso, el senador con licencia no mostró nostalgia. Afirmó que la transformación del país debió iniciar antes de 2018 y convocó a los ciudadanos de entre 18 y 70 años a cambiar su entorno. Dejó fuera a los adultos mayores con una frase tajante: “ellos ya lo dieron todo”. A punto de cumplir 70, él no se incluye.



Luego vino la crítica: sin nombres, pero con destino. Elogió a la presidenta Claudia Sheinbaum por recorrer el país, y contrastó su labor con la de “aquellos que están en Tokio, Grecia o Lisboa”. La alusión no fue casual. El blanco: el hijo del expresidente, Andrés Manuel López Beltrán, y el alcalde de Toluca, Ricardo Moreno. Ambos morenistas, ambos de viaje. Irónicamente, Higinio también viajó recientemente a Cuba, acompañado de su grupo político.
El evento cerró sin ceremonia formal. Los asistentes se formaron para la foto con el festejado. No hubo ostentación, pero sí cálculo. Cada ausencia, cada presencia, cada palabra, cada lápiz, hablaron por sí mismos. Higinio no pidió permiso para reaparecer; simplemente lo hizo. Y aunque no habló de candidaturas, dejó claro que no ha salido del juego. Solo cambió de esquina.


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