Ayer la organización Mexicanos Primero presentó un documento al que tituló “Tod@s. El Estado de la Educación en México 2017”. Como es bien sabido, se trata de una agrupación que se ha encargado en los últimos años de señalar insistentemente las deficiencias del sistema de educación en nuestro país y se ha mostrado a favor de las reformas educativas que se encaminan a remplazar prácticas tradicionales en las aulas y a someter a evaluación todo, preferentemente bajo estándares internacionales (como la prueba Pisa, por ejemplo).
Lo revelado por el estudio no es una información inédita, que ofrezca hallazgos sin precedentes; pero sí es un indicador respecto al tipo de mirada que ciernen sobre el sistema educativo mexicano las organizaciones que piensan a la educación como una actividad evaluable, medible y con estándares de calidad. Es decir, la mirada liberal de la educación.
Bueno, pues el estudio nos recuerda cosas tan importantes como que de cada 100 alumnos que ingresan a primaria en todo el país, seis años después, sólo entran a la secundaria 77, y tres años más tarde únicamente llegan 57 al bachillerato. Esto les lleva a asegurar que “El sistema educativo mexicano excluye de forma masiva a alumnos de todas las condiciones sociales”. Lo anterior sugiere un diseño institucional que no necesariamente funciona para que todos puedan ejercer su derecho a la educación.
Igualmente el trabajo dado a conocer sostiene que no todos los estudiantes aprenden cuando acuden a clase; dice que al menos 4 de cada 10 niños que cursan el sexto de primaria general, así como 2 de cada 10 niños en primaria indígena, aprenden menos de lo esperado. Esto es interpretado en el estudio como una “inclusión distorcionada”, en el sentido de que no basta con que los chicos estén en las aulas, enseguida hay que ver la manera de que aprendan para que tenga sentido que acudan a la escuela. A este respecto su señalamiento es contundente: “el Estado mexicano no asegura que en cada aula haya un maestro con el perfil adecuado para la comunidad donde trabaja”.
Insisto: este estudio no nos revela algo que no supiéramos, sólo nos recuerda las grandes agendas pendientes que tenemos en materia educativa y que, aún cuando el secretario Nuño realice sus giras semanales en escuelas muy ad hoc para tomarse selfies y twittear que “ahí la llevamos”, requieren esfuerzos titánicos.
Será necesario empezar brindando atención a trabajos como el comentado, que se suma a otros publicados desde distintas instancias públicas y privadas, en los que se coincide en que tenemos un aparato que ya no funciona; pero además se pone a operar a dicho aparato a políticos que no tienen la mínima idea de lo que es pararse frente a un grupo de chicos y emprender los esfuerzos necesarios para hacer que aprendan.
Nuestros actuales secretarios de educación -federal y estatal- no son profesores, ni investigadores que hayan dedicado sus vida a entender las dinámicas escolares, ni siquiera funcionarios de carrera que hayan pasado por todos los niveles de la estructura burocrática viviendo de frente los problemas del sistema educativo; son políticos que pertenecen a un grupo que opera para mantenerse en el poder y cuyas medidas no se desprenden de diagnósticos y estrategias vinculados a un proyecto de nación. Es lamentable pero así es.


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