Una píldora de autocrítica a la comunidad LGBT

El pasado 5 de febrero no más de 40 personas de la población Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI), nos manifestamos frente al Palacio de Gobierno del Estado de México para denunciar que los tres poderes en la entidad violan nuestros derechos constitucionales de tener una vida libre de violencia y discriminación, en todos los aspectos de nuestras vidas. 40 es un número reducido, en comparación con las decenas de personas que atiborran cada fin de semana los antros, bares o lugares de encuentro de “ambiente”. 40 es muy poco cuando volteamos a ver las marchas del
febrero 17, 2017

El pasado 5 de febrero no más de 40 personas de la población Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI), nos manifestamos frente al Palacio de Gobierno del Estado de México para denunciar que los tres poderes en la entidad violan nuestros derechos constitucionales de tener una vida libre de violencia y discriminación, en todos los aspectos de nuestras vidas.

40 es un número reducido, en comparación con las decenas de personas que atiborran cada fin de semana los antros, bares o lugares de encuentro de “ambiente”. 40 es muy poco cuando volteamos a ver las marchas del orgullo que se hacen cada año en Toluca o en cualquier ciudad del país. 40 es una cifra ínfima cuando consideramos que en el Estado de México alrededor de un millón 600 mil habitantes son gays, lesbianas, bisexuales o trans. 40 es la excusa perfecta para que quienes buscan cercenar nuestras libertades, desde bases ideológicas, culturales o religiosas, nos sigan descalificando como una minoría a la que hay que aplastar, en lugar de escuchar.

La homo, lesbo, bi y transfobia es un cáncer peligroso y altamente contagioso, suele ser sutil e invisible. Su máxima expresión es un crimen de odio, sus grandes cómplices: la apatía e indiferencia de quienes no la denuncian o la normalizan.

Nuestra entidad es la segunda a nivel nacional donde más crímenes de odio se comenten y ni con ello la población LGBTTTI ha dejado el ensimismamiento. Nos hemos refugiado en “mercados rosas y apps de ligue”. Hemos preferido culpar a las y los heterosexuales de “nuestras desgracias”, sin tomar la responsabilidades de lo que hacemos o dejamos de hacer. Condenamos la discriminación por redes sociales, pero no hemos logrado dar el salto al espacio público y ello mina nuestra capacidad de transformar la realidad que queremos.

Si no salimos a las calles, si no protestamos, si no exigimos, si no proponemos a cerca de nuestras necesidades y derechos como miembros de la diversidad sexual, ¿quién lo hará? Si no peleamos por el fin a la extorsión policiaca, el bullying homofóbico, la discriminación en los trabajos o por una vida sexual sin prejuicios, ¿quién tomará en sus manos esa agenda? A quién o quiénes estamos otorgando el privilegio de decidir sobre nuestras vidas.

Y sí, probablemente las marchas no sirvan para nada, como algunos dicen. Y sí, tal vez que 40 personas protesten no cambian las cosas. Y sí, algunos liderazgos de la población LGBTTTI han convertidos monopolios en sus personas y cuesta trabajo creer que representan lo que necesitamos; y por supuesto que ello debe ser revisado y perfeccionado, pero nuestra responsabilidad no puede ni debe ser postergada ni un momento más. No hay tiempo.

¿Qué esperamos para hacerlo? Que detengan a nuestros amigos por tomarse de la mano en la calle, que nos discriminen en nuestros trabajos por ser lesbianas, que nieguen servicios de salud a nuestra pareja porque es trans o que nos maten por la indiferencia y el odio de una sociedad machista y omisa.

Si esperamos eso, ninguna diferencia hay entre aquel que tachamos de homofóbico y nosotros que no hacemos nada.

“Gracias por leernos en este espacio. Esperamos sus comentarios y opiniones en nuestro Twitter @FDCRadio” 

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Síguenos

Te recomendamos