Milagros Montiel Cruz y María Antonia Busto Becerra no se conocían antes. Hoy, el dolor las une. Ambas forman parte del Colectivo Luz, Fuerza y Lucha por Nuestros Desaparecidos de Veracruz y recorren el país con una sola misión: encontrar a sus seres queridos.
Milagros busca a su esposo Concepción Jiménez Pérez, quien fue levantado en el ingenio San José de Abajo de Córdoba el 2 de noviembre del 2013. María Antonia busca a su hijo, Jorge Antonio Mancera Busto, desaparecido desde el 25 de abril del 2009 en el puerto de Veracruz.
Una búsqueda sin descanso
Su camino ha sido largo, solitario y peligroso. Ambas viajan sin compañía de sus familias. Se encontraron en la búsqueda. Comenzaron cuando aún no existían colectivos ni el término “buscadoras” era parte del lenguaje cotidiano. Lo hacían solas, con sus propios medios.
Hoy, aunque hay más mujeres en su misma situación, el dolor sigue siendo el mismo.
“La delincuencia se los lleva de un estado y aparecen en otro”, explica Milagros. Por eso, su búsqueda no tiene fronteras.
Han recorrido distintos estados. Milagros ha llegado hasta Tijuana. Ahora buscan en el Estado de México.
“El compromiso de nosotras es buscarlos hasta debajo de las piedras”, dice.
Entre cerros, miedo y esperanza
Las búsquedas no son sencillas. Caminan entre cerros empinados, rocas y fauna peligrosa.
“Hay víboras, hay riesgo, pero la lucha se hace”, cuenta María Antonia.
Sin apoyo constante, se organizan como pueden. Pagan sus traslados, consiguen herramientas y siguen adelante. “Uno tiene que andar con sus propios medios”, dicen.
Años sin respuesta
Milagros empezó su búsqueda desde el instante que desapareció su esposo. Lleva 13 años buscándolo, “pero hasta ahorita, nada”, lamenta.
María Antonia perdió a su hijo cuando tenía 23 años, lo ha buscado por 17 años. Y sigue. La falta de resultados no ha detenido su lucha, pero sí la ha hecho más pesada.
Denuncian que las investigaciones no avanzan y que, con cada cambio de administración, los casos retroceden.
“Comenzamos de cero”, lamentan.
En el colectivo, hay decenas de familias con carpetas abiertas en Fiscalías, pero sin avances significativos.
“Si ya hubiéramos encontrado, estaríamos en casa descansando. Pero no hay pistas”, dice Milagros.
Acompañamiento que hace la diferencia
En contraste, reconocen que en el Edomex han encontrado algo distinto: acompañamiento institucional.
Se dicen sorprendidas por la presencia de fuerzas de seguridad durante las búsquedas, pues afirman que eso no ocurre en Veracruz.
“Allá nos dejan solas… Yo agradezco aquí a las autoridades del Estado de México, porque en Veracruz no nos facilitan esos impactos de seguridad que nosotros necesitamos por el peligro que corremos”, señala Milagros.
La fuerza de seguir
A pesar del cansancio, la incertidumbre y el miedo, ambas coinciden en algo: “Como madre, como esposa, como hermana, pues seguimos en la lucha… si nadie nos apoya, nosotros debemos que sacar fuerzas de a ver de dónde, pero seguimos”.
El colectivo se ha convertido en su familia, en su red de apoyo, en el lugar donde el dolor se comparte y se transforma en fuerza.
“No andamos por gusto, andamos por necesidad”, dicen.
Y mientras no haya respuestas, seguirán caminando.


Síguenos