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Vidas desechables, el negocio de la basura en Chimalhuacán

En municipios como este, la base de la recolección de basura, su reutilización y el reciclaje es la explotación de trabajadores que no gozan de ningún derecho, por parte de organizaciones ligadas al gobierno como el movimiento antorchista.

Sí somos un buen, fácil, fácil somos mil o más (…) recolectamos cartón, metal, plásticos, todo lo reciclable”, dicen un joven de 34 años y su madre de 62 años que nos reciben dentro de una zanja que rodea el relleno sanitario de Chimalhuacán. Omiten mencionar sus nombres.

Con una voz amable y sencilla, ambos trabajadores nos narran cómo es su jornada de trabajo de 12 horas y las dificultades que enfrentan día a día para poder obtener los 150 o hasta 300 pesos con los que alimentan a más de cuatro personas. 

El detalle es que estamos acostumbrados a ganar arriba del mínimo porque está muy abajo (…). Yo estuve trabajando en un Oxxo, me estaban dando 1200 a la semana, yo aquí gano casi el triple trabajando desde temprano a la noche (…). En el Oxxo no me alcanzaba para mantener a la familia ni la mitad”.

Los trabajadores ganan de 150 a 300 pesos diarios / Fotografía: Víctor Castillo


Chimalhuacán es un municipio con más de 700 mil habitantes que producen al menos 800 toneladas de basura al día. Todos estos residuos terminan en el relleno sanitario que se ha convertido en tiradero a cielo abierto en el paraje Escalerillas, en el Ejido de Santa María de este ayuntamiento.

De acuerdo con información de Ipomex, en 2015 apenas se depositaban 400 toneladas de residuos en este sitio. Ahora el Plan de Desarrollo Municipal señala que en el basurero se deposita el doble de desechos provenientes solo de Chimalhuacán; hay que sumar también los que llegan en transportes particulares de distintos lugares, así como los que arriban de manera irregular que, gracias a una remuneración, pueden tiran los desechos que recolectan.

Diariamente llegan 800 toneladas de residuos al tiradero de Chimalhuacán / Fotografía: Carlos Pérez

No hay un censo preciso sobre el número de personas que viven y trabajan en el tiradero. Adultos mayores, jóvenes, mujeres, incluso niños, deben lidiar con los efectos de manejar residuos sin el equipo ni las medidas necesarias para la labor.

La basura sostiene la economía de gran parte de las 5 mil personas que viven en las inmediaciones sin servicios básicos como educación, drenaje, pavimentación, seguridad.

Recientemente, el lugar se convirtió en noticia internacional pues la Fundación para la Asistencia Educativa I.A.P. (FAE) comenzó a impartir clases a aproximadamente 300 niñas y niños menores de seis años que ahora toman clases a un costado de toneladas de desechos.

La separación de residuos mantiene a flote la economía de 5 mil personas / Fotografías: Víctor Castillo

El negocio sucio de la basura

Lo que recolectamos tenemos que venderlo aquí a la recicladora (…) te pagan casi la mitad del precio aquí adentro; no te dan el mismo precio que afuera”, señala con disgusto la familia de pepenadores que nos recibió.

También nos cuentan que antes de llegar a este relleno tenían mejores ganancias en el bordo de Xochiaca (Neza III), localizado en los límites de Nezahualcóyotl con Chimalhuacán.

Hasta hace ocho años, el Ayuntamiento de Chimalhuacán depositaba en el bordo de Xochiaca sus residuos sólidos. Sin embargo, los incendios y otros graves problemas generados por las toneladas de basura, llevaron a las autoridades a modificar el uso del tiradero y desalojar a más de mil 500 familias de pepenadores.

A raíz de los cambios en el bordo de Xochiaca, se promovió y autorizó el relleno sanitario en “Las Escalerillas” cuyo funcionamiento empezó en febrero del 2013, durante las administraciones de Jesús Tolentino Román y Telesforo García, dirigentes del movimiento antorchista.

En el lugar no hay ninguna autoridad formal con la que se pueda hablar / Fotografía: Víctor Castillo

Pese a que, oficialmente, el relleno está en control de las autoridades municipales, en el lugar no se encuentra ninguna autoridad formal con la que se pueda hablar.

En una pequeña oficina de recepción, en donde cuelga una bandera del movimiento antorchista, indican que el responsable del tiradero es “Alfredo”, él decide todo lo referente al lugar, pero se niegan a dar cualquier otro dato o número de teléfono al que sea posible comunicarse.

La cerrazón se debe a que el lugar opera sin ninguna regulación. Ahí los aproximadamente mil pepenadores que trabajan casi 12 horas al día deben vender obligatoriamente lo que recolectan en el área de reciclaje a mitad del precio comercial. En el interior del basurero los desechos son disputados con violencia por los grupos y personas que acuden.

 “Se te avientan por un peso, una botella de refresco, es cuando sales en broncas. Apenas a mí me robo un chavo acá arriba material y ¿qué te llevas a la casa? Y [a] los organizadores les dices y no te toman en cuenta”, expresa una de las personas entrevistadas.

De acuerdo con un artículo académico de los investigadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Lylia Palacios Hernández y José Juan Cervantes Niño, sobre la pepena informal, la mayoría de las personas que se abocan a esta labor son emigrantes de zonas rurales, sus edades van de los 30 a 60 años, tienen un bajo nivel educativo y sus ingresos menores a los mínimos legales.

Como lo señala el artículo y como lo observamos en “Las Escalerillas”, los pepenadores que viven en los tiraderos ocupan casas altamente marginales construidas con materiales como plástico, cartón, y madera, sin servicios públicos y se rigen por liderazgos tradicionales ligados al PRI o a algún sindicato afín a ese partido.

Las casas de las familias pepenadoras están construidas con plástico, cartón y madera. No tienen servicios públicos / Foto: Víctor Castillo – Carlos Pérez

Basura en tiempos de pandemia

“Rogamos creo que mucho a dios y ya estamos como que más protegidos (…). Los desechos de hospitales te los avientan parejo, no vienen ni en bolsas aparte ni nada. Las jeringas como vienen abiertas luego no te das cuenta, yo me atravesé una en el dedo, solo me la quite y seguí trabajando, por lo mismo que ya estás acostumbrado a que te picas, te cortas”.

Debido a la pandemia, el año pasado en el Edomex fue activada la norma emergente 002, que exigía que en los rellenos sanitarios se implementara una celda de emergencia en donde los residuos sanitarios no reciclables o residuos covid-19 se manejaran de forma especial

El relleno sanitario de Chimalhuacán no cuenta con estas medidas y día con día quienes ahí trabajan se exponen a enfermedades como el covid-19.

La pepena es la actividad más importante en la priorización del reciclaje en el manejo de los residuos, pero sobre todo, constituye una fuerza laboral que está al servicio de los sistemas de manejo; sin embargo, por no ser reconocida, queda fuera de la gobernabilidad de la basura y escapa al ajuste que el covid-19 impone a la gestión de los residuos”, así lo señala en un artículo académico la investigadora de la UNAM Merary Jiménez-Martínez.

En Chimalhuacán todos pagan por el basurero: los trabajadores deben dar una cuota semanal y arriesgarse a contraer enfermedades, los camiones particulares también realizan aportaciones, mientras que los vecinos y el medio ambiente pagan con las afectaciones a la salud de este lucrativo negocio, cuyo alcance y problemática no se resolverá solo con su cierre.  

Entró creo Morena… Estaban diciendo que a través de que entre ese presidente nos iban a cerrar el tiradero. Esperemos que no porque aquí solventamos nuestros gastos (…) somos muchas familias las que dependemos de este trabajo, bastantísimas”.