Quisimos iniciar esta columna con algún tema agradable, jocoso o ilustrativo sobre los Diablos Rojos del Toluca. Queríamos escribir una columna sobre lo que sucede dentro, pero sobre todo fuera de la cancha del Nemesio Diez: sus colores, el sentir del aficionado, y los datos que interesan a aquellos que cada quincena asisten al Nemesio Diez. Desafortunadamente, debido a la inmediatez, esa que nos aplasta minuto a minuto, tuvimos que escribir sobre otro tema: las barras y la violencia en el fútbol.
El pasado lunes, muchos de nosotros nos enteramos por la mañana de la trágica noticia sobre la muerte de Maribel Mercado Gallegos, una aficionada de Rayados que viajó por primera vez con su hijo a Torreón para presenciar el partido ante Santos. Maribel se encontraba entre el grupo de personas que fue impactado por una camioneta. Según Gerardo Márquez, fiscal General de Coahuila, la conductora de la camioneta se llamaba Jennifer. Esta mujer asumió el control del volante después de que el conductor se bajara para iniciar una disputa.
“Vengo de la cabeza, soy de una banda descontrolada
Hoy no me cabe nada, vas a correr porque sos cagón
Son todos unos putos, unos amargos, unos buchones
Llaman a los botones; vinieron todos, se quedan dos”
Este trágico suceso, comprensiblemente, generó indignación entre los usuarios de redes sociales y la prensa. Recordaron el incidente en el estadio La Corregidora de Querétaro, donde aficionados del Atlas, mayoritariamente de la Barra 51, fueron agredidos por miembros de la Barra la Resistencia de Gallos Blancos. Una vez más, las barras estuvieron en el centro de la polémica.
Las barras, ¿el cáncer del fútbol?

Inmediatamente después de los acontecimientos del domingo en Torreón, al igual que en Querétaro, surgieron comentarios despectivos hacia estas agrupaciones: «inadaptados», «bestias», «trogloditas». Algunas voces en la prensa, como la de Javier Alarcón, apelan de inmediato a la «erradicación de este cáncer», asumiendo un papel de jueces, ante la imposibilidad de ser verdugos. Condenan de manera reduccionista los actos de violencia.
Voy a salir de caño, ya estoy reduro, estoy repasado
Como ya estoy jugado, me chupa un huevo matarte o no
Mi vida es un infierno, mi padre es chorro, mi madre es puta
Vos me mandás la yuta y yo te mando para el cajón
Se comprende que la mayoría de los periodistas deportivos se centren en las noticias de su ámbito, pero desde 1985, casi cuatro décadas atrás, según Sergio Visacovsky el sociólogo y antropólogo Eduardo Archetti «proponía un enfoque diferente al que sugería gran parte de la opinión pública a través de los medios de comunicación para abordar la violencia en el fútbol».
En lugar de afirmar que los protagonistas de la violencia son «irracionales», «inadaptados» y que «deben ser extirpados», se propone una agenda que comprenda la violencia como un producto social, un fenómeno humano y no como un regreso a la animalidad.
(Si hay algún aludido entre los lectores de este texto, recomendamos los trabajados sobre el tema de José Garriga Zucal, Pablo Alabarces, Samuel Martínez y Roger Magazine).
Yo soy el error de la sociedad
Soy el plan perfecto que ha salido mal
Amarillismo y prejuicio
El racismo y el clasismo se hacen evidentes. Es una forma simplista de abordar el tema. Después de esa trágica tarde del 5 de marzo en Querétaro, solo algunos medios evitaron caer en el amarillismo de los «17 muertos» que informó David Medrano.
Puntualmente, Pie de Página hizo lo que se debía hacer: buscar la versión de la otra parte. En el texto Barrio, amor y violencia: la versión de la barra de Gallos Blancos, Alejandro Ruiz entrevistó a un integrante de la Resistencia para entender las motivaciones de estos grupos, dejó a un lado la simpleza del prejuicio y fue más allá.
Vengo del basurero que este sistema dejó al costado
Las leyes del mercado me convirtieron en funcional
Soy un montón de mierda brotando de las alcantarillas
Soy una pesadilla de la que no vas a despertar
Lo cierto es que en las barras de fútbol mexicanas existen problemas como el consumo de drogas, violencia machista (tanto física como simbólica), y episodios de homofobia. Sin embargo, también se encuentran manifestaciones de compañerismo, espacios de expresión y, en muchos casos, actividades de labor social. El error radica en generalizar. Asimismo, en estas barras participan mujeres, quienes día a día ganan terreno, así como niños y personas de la tercera edad que buscan convertir su amor por el equipo en una experiencia más participativa y activa.

¿Son todos iguales?
Las barras y sus manifestaciones de violencia no pueden ser comprendidas de manera lineal y homogénea. Los hooligans ingleses difieren considerablemente, en forma y fondo, de los barrabravas argentinos; las torcidas brasileñas distan mucho de las curvas italianas. Incluso en el caso del Toluca FC, sin ir tan lejos, las motivaciones y la organización de La Banda del Rojo, la Perra Brava y los Hijos del Averno no son las mismas, a pesar de que coinciden en la Tribuna Diablos para entonar las mismas canciones.
Ya escucho las sirenas, la policía me está encerrando
Uno me está tirando; me dio en la gamba, le di a un botón
Pasa mi vida entera como un tornado escupiendo sangre
Los actos de violencia, todos condenables, no comparten las mismas características. Aunque puedan parecerlo, los desencadenantes de los enfrentamientos entre la barra de Querétaro contra Atlas, la de Toluca contra Querétaro en el parque Sor Juana, y la muerte de Marlen no pueden ser analizados desde el mismo enfoque.
En estos casos, se omite la participación, o incluso la omisión, de las autoridades, la incorrecta aplicación de protocolos (en ocasiones, por ahorrar costos) y hasta la negligencia por parte de directivas y corporaciones.
Vos me despreciás, vos me buchonéas
Pero fisurado, me necesitás
José Garrida Zucal, en su libro «Nosotros nos peleamos», admite que «esta confusión, ya sea inocente o malintencionada, es uno de los pilares que sostiene la imagen de la violencia como barbarie, como algo ‘sin sentido’. Sin embargo, toda acción social, incluso las prácticas violentas, posee significados específicos para sus participantes. Desconocer estos significados contribuye a la confusión al equiparar un fenómeno social con el salvajismo y la locura».
Desaparición de las barrabravas
¿Desaparecerán las barras en México? No, al menos no a corto plazo. Los medios tienden a pasar por alto el aporte que estos grupos hacen a los clubes y a los propios medios. No estamos hablando de supuestos acuerdos mafiosos por la venta de boletos, como a veces mencionan los comentaristas deportivos sin pruebas concretas o con «fuentes» cuestionables, sino del aporte que hacen al espectáculo.
Soy parte de un negocio que nadie puso y que todos usan
En la ruleta rusa, yo soy la bala que te tocó
Cargo con un linaje acumulativo, de mí se adula
Y un alma que supura veneno de otra generación
El Toluca FC, según su responsable de Comunicación, vendió alrededor de 13 mil abonos para el Clausura 2024. ¿Qué porcentaje de estos abonos se adquirió para experimentar el ambiente que generan las barras en el Nemesio Diez? ¿Un aficionado conocedor del buen fútbol estaría dispuesto a pagar el boletaje para un semestre solo para ver a un equipo que, en los últimos 13 años, ha ganado únicamente la Copa Toluca contra los Potros? Probablemente no.
Los beneficiarios
El barrismo es un modelo del que muchos se benefician, especialmente aquellos en posiciones privilegiadas. Las televisoras celebran los «likes» en sus videos cuando, detrás de la portería, se despliega imponente un tifo con un diablo. También se regocijan cuando «la ciudad se llena de color con la caravana». Los departamentos de contabilidad de los clubes sonríen cuando aumenta su promedio de abonos, e incluso los propios aficionados desean obtener su selfie con la «barra», como si se tratara de una especie de turismo extremo.
Podrás estar de acuerdo o en contra con estos grupos, pero lo cierto es que el problema es complejo y reducirlo a «simios que deben desaparecer» habla más de quién emite el juicio y sus prejuicios.
Manga de hijos de puta, me dieron justo en el corazón
Canción: “La Violencia” de la murga uruguaya Agárrate Catalina.


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