𝘛𝘦𝘫𝘶𝘱𝘪𝘭𝘤𝘢𝘻𝘰, 35 años de la mayor represión en Edomex

Aquella tarde prolongó el legado de represión y violencia electoral, y confirmó, una vez más, el carácter hereditario de un municipio condenado a teñirse tricolor
diciembre 11, 2025

El 12 de diciembre de 1990, mientras el país celebraba el Día de la Virgen de Guadalupe, Tejupilco ardía por otro motivo. Miles de habitantes se concentraron a las 15:00 horas en la plaza municipal para denunciar lo que consideraban un fraude electoral cometido un mes antes, el 11 de noviembre, durante las elecciones locales.

De acuerdo con la Comisión de Derechos Humanos, la protesta terminó con tres muertos, 69 heridos y un municipio fracturado, en uno de los episodios que expuso con crudeza los mecanismos de control político del PRI en la región sur del Estado de México.

Cronología del caso

A inicios de los años noventa, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mantenía una hegemonía casi total en los municipios mexiquenses. En el gobierno de 1988 a 1990, en el municipio de Tejupilco gobernaba Adolfo Giles Ríos, bajo ese partido.

Es decir, la ciudad se encontraba bajo el poder del partido tricolor antes de la elección del 11 de noviembre de 1990, que detonó en el Tejupilcazo.

Mientras tanto, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), nacido el 5 de mayo de 1989, intentaba consolidarse en zonas rurales y de fuerte presencia campesina.

El PRD, nacido el 5 de mayo de 1989, intentaba consolidarse en zonas rurales y de fuerte presencia campesina. / Foto: Julio César Zúñiga

Llegó el 11 de noviembre y Tejupilco eligió a su próximo presidente municipal. Los candidatos eran dos figuras con presencia local:

  • Mario Gabino Ugarte, del PRI, el partido que dominaba los ayuntamientos del Edomex.

  • Guillermo Hernández, “El Satán”, del PRD, fuerza emergente que empezaba a crecer en zonas campesinas.


El conteo oficial dio 6 400 votos para Ugarte y 3 600 para Hernández. Sin embargo, para una parte amplia de la población, esos números no coincidían con la participación real.

La jornada fue denunciada como «sucia» y controlada desde el Gobierno estatal para favorecer al PRI. De acuerdo con Semanario Nuestro Tiempo, pese a ello, el Senado de la República calificó el proceso mexiquense como ejemplo de “limpieza electoral”.

Ante el descontento, la población convocó a un mitin para exigir que se reconociera el presunto triunfo del PRD.
De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH):

“Nunca propusieron los oradores realizar actos de violencia ni mucho menos tomar el Palacio Municipal; el mitin había transcurrido ordenadamente”.

Sin previo aviso, el mitin fue agredido con disparos de arma de fuego.
Los testimonios recogidos por la CNDH y por reportes hemerográficos señalan que los disparos provinieron de grupos vinculados al PRI local, algunos identificados como guardias municipales.


Así mismo, no hubo intervención oportuna de policías estatales para detener la agresión. Y las víctimas fueron simpatizantes del PRD, muchos de ellos campesinos.
El saldo fue de tres muertos, 69 heridos y decenas más perseguidos o golpeados en los días posteriores.

Pronunciamiento

El Gobierno del Estado de México —entonces bajo administración del priista Ignacio Pichardo Pagaza— reaccionó con una narrativa que, en ese momento, buscó minimizar la responsabilidad institucional, atribuir los hechos a un enfrentamiento entre grupos locales y respaldar la legitimidad de los resultados electorales, que habrían resultado ganadores para el PRI.


Pese a la violencia ejercida, el Pleno del Senado de la República declaró que el proceso en el Edomex se había caracterizado por su “limpieza y civilidad.”

Exgobernador del Edomex, Ignacio Pichardo Pagaza. / Foto: REFORMA

¿Hubo justicia?

No. Las investigaciones fueron inconclusas y ningún responsable penal, ni autores materiales, ni autoridades omisas, fue sancionado.

La CNDH emitió recomendaciones, pero no hubo reparaciones integrales a las familias, no se reabrió el caso y el Tejupilcazo quedó inscrito en la larga lista de episodios de violencia electoral impunes en el país.

¿Dónde están ahora los protagonistas?

En 1990, Mario Gabino Ugarte (PRI) asumió la alcaldía de Tejupilco tras imponerse en las elecciones locales. Después de su administración, no hay registro de que continuara participando en la vida política. Falleció en noviembre de 2020.

En 2001, Guillermo Hernández “El Satán” fue encarcelado por presuntas irregularidades relacionadas con tierras ejidales, vivió exiliado en Canadá durante más de una década tras obtener asilo político.

En entrevista para EL MONITOR, en 2020 regresó a tierras mexiquenses para continuar con el proyecto “Estado de la Tierra Caliente”, con motivo de lograr una reorganización territorial con mayor autonomía para comunidades del sur de Edomex, Guerrero y Michoacán.

Guillermo Hernández “El Satán”. / Foto: El Monitor

Actualmente, Tejupilco continúa bajo dominio priista con el alcalde Rigoberto López Rivera. Sin embargo, el Tejupilcazo se convirtió en símbolo de la violencia política en la región sur del Edomex.


En 2017, cuando se cumplieron 30 años del incidente, Guillermo González Hernández «El Satán”, conmemoró el hecho violento haciendo una guardia en silencio en el lugar de los hechos.

De igual forma, en 2017, Andrés Manuel López Obrador declaró a El Norte que, durante su militancia en el PRD, presenció el Tejupilcazo. Afirmó que “hubo represión, porque desde entonces impera el autoritarismo y la antidemocracia”.

Andrés Manuel López Obrador. / Foto: EL NORTE

Entre festejos, cohetes y el humo de las celebraciones por el Día de la Virgen, la jornada se transformó en gritos, balazos y nubes de gas lacrimógeno. Aquella tarde prolongó el legado de represión y violencia electoral, y confirmó, una vez más, el carácter hereditario de un municipio condenado a teñirse tricolor.

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