El 2017 pinta para ser complejo para México en todos los rubros: económico, político y social. En mayo se cumplirá un año del anuncio del presidente Enrique Peña Nieto en el que presentó unas iniciativas de ley para garantizar, en cierta medida, igualdad para la población LGBT, sin que hasta el momento haya resultado alguno.
Los retos son múltiples. Estamos en la antesala de las elecciones presidenciales y gubernamentales, donde muy probablemente, los ungidos a candidatos y candidatas lleguen con propuestas vacías sobre matrimonio igualitario, reconocimiento a la identidad trans, adopción homoparental, tipificación de crímenes de odio o cualquiera que tenga que ver con la agenda de la diversidad sexual. Por ello, el tema debe ser prioritario para los contingentes en pro de los derechos humanos, a fin de demostrar que el voto LGBT vale tanto como el de cualquier ciudadano.
En esta misma línea, durante el 2016 fuimos testigos de cómo el odio desató una ola de transfeminicidios en México o el aliento de todos aquellos que estuvieron en contra las uniones igualitarias o las famlilias diversas, por lo que será menester de las dependencias e instituciones en pro de la igualdad y la defensa de las garantías individuales, meter cartas en el asunto para frenar este tipo de ataques en contra de la diversidad sexual; de lo contrario, seguiremos permaneciendo como una minoría oculta en las sombras de la discriminación y la ignorancia.
A través de nuevas jornadas de trabajo, la comunidad LGBT deberá responder con éxito frente al desafío que supone construir un país en libertad y con los mismos derechos para todas y todos, sin importar los colores del arcoíris, el blanco o el negro, y tomando en cuenta que las luchas para la obtención del matrimonio igualitario, la adopción homoparental o la reasignación sexo genérica, son importantes, pero no las más necesarias.
En un país de escaso reconocimiento a lo diferente, los crímenes de odio seguirán reproduciéndose como un virus. Este panorama no se erradicará a menos que se obligue a las autoridades a reeducar y sensibilizar a todas las esferas involucradas en la seguridad pública y de educación, así como a los encargados de modificar las reformas que garanticen el bienestar total de todas las personas transexuales dedicadas al sexo servicio, principalmente, y a todo miembro de la comunidad LGBT que se vea vulnerado por una situación de violencia.
Por otra parte, aún queda exhortar al gobierno y a la ciudadanía a interesarse por los temas de salud, incorporar campañas que prevengan a los adolescentes sobre la amenaza de la pandemia del VIH/SIDA, además de otras Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Asimismo, se debe generar mayor acercamiento en campañas públicas que traten el tema de la sexualidad, de una manera normal y sin prejuicios moralinos que sigan afectando la integridad de los jóvenes y el derecho sobre sus cuerpos.
Basta ya de resquemores y odios. Basta de permanecer inmóviles y sujetarnos a las agendas de unos cuantos. Suena a discurso romántico, pero la esperanza no puede ser echada a la borda en tiempos de pesimismo. Es momento para redoblar esfuerzos, salir a las calles, replantear agendas, exigir un alto a la discriminación. Lesbianas, gays, bisexuales y trans no podemos permanecer inertes. Luchamos o seremos olvidados, una vez más.
Gracias por leernos y seguir con nosotros en este espacio. Le deseamos un muy feliz 2017 y le invitamos a escribirnos en nuestra cuenta de Twitter @FDCRadio


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