Skip to content Skip to footer

Termina 2021 de pandemia con tres grandes rasgos

Termina 2021 de pandemia con tres grandes rasgos

La solución a la pandemia será global o no será. La responsabilidad es compartida.

Termina el 2021. En esta, mi última colaboración del año para AD Noticias, me gustaría subrayar tres rasgos importantes que se presentaron a lo largo de los meses; se trata de procesos que pasarán a la historia como definitorios del año. El primero, desde luego, es la solución que desde la ciencia se dio a la pandemia de Covid-19 a partir de las vacunas. El diseño, fabricación, experimentación y resultados preliminares se dieron el año pasado, pero no fue sino hasta este 2021 en que mostraron su efectividad en gran parte del mundo. En el caso particular de México, quedó claro que las vacunas sí vinieron a reducir contagios, hospitalizaciones y decesos. Llevamos ya varios meses en los que la presión sobre el sistema de salud pública ha disminuido notablemente, y gran parte de la vida social en los espacios públicos ha vuelto a características cercanas a los tiempos pre-pandemia.

La campaña de vacunación implementada en todo el país dio resultados. La gente, en su mayoría se mostró dispuesta a recibir la vacuna y, quienes no lo hicieron, engrosan las filas de los casos activos o los decesos más recientes. Los movimientos anti-vacunas no son tan fuertes en nuestro país como en otras latitudes. Sin duda, la industria detrás de esta solución ha sido de las más ganadoras en esta pandemia: han facturado en billones de dólares las farmacéuticas que producen y comercializan las vacunas.

Infortunadamente ocurrió lo que ya se vislumbraba desde finales del año pasado: un puñado de naciones acapararon la mayor cantidad de vacunas y muchos países en condiciones precarias apenas y han tenido acceso a cantidades ínfimas. Ello conllevó al segundo proceso que está marcado el final del 2021 y que es el surgimiento de una variante que ha devuelto la incertidumbre a gran parte del mundo sobre el final de la pandemia: Ómicron.

Desde África se dio la noticia de la identificación de una nueva sepa del SARS-COv-2 con numerosas mutaciones, que la hacían mucho más contagiosa. Las condiciones en que la misma surgió son precisamente las de un acceso limitado a las vacunas, confirmando que, en el caso de esta enfermedad, nadie estará completamente a salvo mientras no estén todos completamente a salvo. Es decir, se trata de un problema planetario, originado por las condiciones ecológicas (su origen es la zoonosis), agravado por las condiciones socioeconómicas y cuya solución está emparejada a la erradicación de la desigualdad global.

En estas semanas prácticamente toda Europa está experimentando un trágico deja vu: cuarentena, prohibición de actos públicos masivos, mascarilla obligatoria, etc. Inglaterra, Francia, España, en general países que parecían encontrarse “del otro lado”, gracias a intensas campañas de vacunación y a refuerzos a grandes sectores de la población, han visto fuera de control los contagios y en riesgo de saturación sus sistemas sanitarios. No haber pensado las vacunas como una solución global nos está poniendo en la antesala de nuevas oleadas de casos en todos lados. Ya en Estados Unidos el ritmo de contagio está alarmando y estamos muy cerca de ellos como para sentirnos a salvo.

Y, el tercer proceso que también ha marcado todo el año que ya termina ha sido el proceso inflacionario que en todo el mundo tiene a la gente experimentando cosas que hacía décadas no ocurrían. Los Estados Unidos, al igual que México, tienen el mayor índice inflacionario de por lo menos las últimas tres o cuatro décadas. Ya dedicamos a este tema alguna colaboración hace varias semanas, llamando la atención sobre cómo los altos niveles de demanda de bienes y servicios post-encierro debido a la pandemia se toparon con cadenas de suministros rotas, con insuficiente producción, con escasa oferta y ello ha derivado en una burbuja inflacionaria que parece se prolongará por un buen tiempo.

Estos tres procesos me parecen no sólo los que han marcado el año que termina, sino que los observo encadenados y mutuamente condicionados. La solución a la pandemia será global o no será. La responsabilidad es compartida. Los países más ricos no pueden mantener a sus ciudadanos a salvo si los países más pobres no tienen acceso a las vacunas y a los servicios de salud. La distancia entre ricos y pobres se ensanchó con la pandemia, tanto a nivel internacional como intranacional. Los ricos de siempre se han vuelto más ricos y los pobres cada vez se encuentran más sumergidos en la miseria. La concentración de la riqueza se acrecentó también en este año a nivel global. Sobre ello hemos dedicado varios textos en este mismo espacio, advirtiendo que yendo por esa ruta no se pueden encontrar las soluciones a tan complejos problemas que presenta nuestra sociedad.

Para el 2022 es previsible tener como grandes temas cosas similares a este año que ya termina. Lo que cabría esperar es no buscar resolverlos con las mismas fórmulas de siempre. Sin fan de jugar al adivino, creo que seguirán siendo tema precisamente las cuestiones ecológicas, económicas, la pobreza, el hambre, la migración y la salud. Ánimo. A empezar el 2022 con buena cara.