Por: Mercedes Martínez
La familia Ángel Valentín necesitó más de 29 años para construir su casa y solo unos minutos para verla caer en pedazos a las faldas del Cerro del Chiquihuite. Un deslave redujo su trabajo y esfuerzos a escombros al igual que otras 11 familias que también verán demolidos sus hogares.
Eustacia Ángel compartió que pese a la tragedia de ver los restos de su pasado sepultados en el desgajamiento, queda el alivio de que ella, sus cuatro hijos y sus mascotas están con vida. Daisy, una de ellas quedó atrapada, pero fue rescatada de entre los escombros y ya se encuentra recuperándose en una veterinaria.
“Extraño mucho a mi Daisy, sé que ella también me extraña. La voy a visitar, pero el día que yo vaya por ella será para llevarla a nuestra nueva casa. Tengo un hijo que estudia la secundaria y es el que más me dice: mamá, para dónde nos vamos, ¿y sabe qué le contestó? No sé hijo”.
Relató lo difícil que es adquirir una vivienda propia después de ocho años de pagar renta. Durante ese tiempo, ella y su esposo se dedicaron a ahorrar, hasta que liquidaron el terreno. Una vez dueños de la propiedad, dijo, comenzaron a construir su hogar, el cual, a diferencia de las primeras versiones oficiales sobre la irregularidad de los predios, contaba con escrituras y pagaban predial al Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz.
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Primero empezaron con un techo improvisado, un jacal que con el paso del tiempo se transformó en una vivienda de dos pisos para ella, sus cuatro hijos y su esposo, quien falleció hace ocho años. Ahí pasaron juntos los momentos tristes y felices.
La casa de Eustacia fue una de las más afectadas, desde el 10 de septiembre se volvió inhabitable, nunca más podrá regresar, ni siquiera a rescatar algunas pertenencias como otros vecinos que lograron recuperar documentos importantes y muebles.
“Quedé en cero; estoy esperando que el gobierno me diga pa´dónde me voy, a dónde me van a ubicar. No fue tan fácil construir. Es una gran tristeza porque de la noche a la mañana se te acaba todo. 29 años sufriendo, haciendo y comprando todo”.
Tres meses antes del desgajamiento Eustacia acababa de comprar su primer refrigerador; 15 días antes, una máquina de coser… todo se esfumó.
Ella espera que esta vez las autoridades no ignoren su situación, como cuando reportó a Protección Civil la caída de rocas previa al desprendimiento que acabó con la vida de cuatro personas, quienes eran sus vecinas.
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Eustacia dejó su pueblo natal a los 9 años; fue la mayor de 15 hermanos. Desde niña, miraba a sus padres sobrellevar el día a día en extrema pobreza, en el poblado de Arroyo de Banco, Oaxaca, donde el 93.7 por ciento de la población es indígena.
La pobreza orilló a esa niña de 9 años a viajar sola a la Ciudad de México, sin hablar español.
“Fue la desesperación de ver a mi padres, su comida de mi papá era comer chile con sal, tortillas con sal; mi mamá cargaba un bebé en brazos dando pecho y abajito otro de un año, y todos como escalerita. Yo observaba y pensaba: Dios mió, ¿pa´ dónde me voy? mis padres no tienen”.
Las autoridades municipales entregaron un primer apoyo de 5 mil pesos para pagar la renta por un mes a las familias damnificadas. Entre las promesas por cumplir, quedan pendientes: la entrega de otros dos apoyos por la misma cantidad para pagar dos meses de renta; 25 mil pesos para quienes lo perdieron todo, como el caso de Eustacia; y la reubicación con todo y casas “bien hechas”, como las que ya prometió el presidente.
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