A más de dos meses de realizada la segunda vuelta electoral en el convulso Afganistán el pasado 14 de junio, aún no se definió el ganador de esos disputados comicios, considerados como fraudulentos por el candidato presidencial Abdullah Abdullah.
En medio de una auditoría para el reconteo de votos, encabezada por la Comisión Electoral Independiente (CEI), Abdullah, quien contendió contra el otro aspirante presidencial, Ashraf Ghani, ordenó a su equipo retirarse del proceso de supervisión, el cual separa los votos fraudulentos de los válidos.
Con posterioridad, en aras de ganar en equidad, mediadores de la Organización de Naciones Unidas (ONU), pidieron al candidato Ghani que se apartara del mecanismo de verificación, el cual sigue su curso actualmente a cuenta de la CEI y representantes del propio organismo mundial.
Para expertos en el tema de Afganistán, como el analista Michael Kugelman, del Centro Woodrow Wilson, basado en Estados Unidos, la decisión de Abdullah de abandonar el reconteo de votos podría profundizar la actual crisis política y resultar catastrófico en ese país centroasiático.
No resulta ocioso recordar que partidarios del candidato Abdullah en diversas ocasiones amenazaron con imponer medidas desestabilizadoras, como la toma de instalaciones gubernamentales.
En ese contexto el candente escenario electoral afgano parece complicarse aún más, con la repentina movida de Abdullah y la ola de violencia predominante en la inestable nación.
Nos encontramos ya fuera del proceso electoral y ningún resultado será aceptado por Abdullah, manifestó de forma tajante el portavoz de ese candidato, Muslim Saadat.
De cara a esa realidad, otros especialistas en temas políticos consideran que el proceso electoral afgano podría hacer aguas pese a que recientemente tanto Abdullah como su oponente Ghani acordaron realizar la mencionada auditoría de papeletas y compartir un gobierno de unidad nacional.
Al argumentar la decisión de repliegue, la representación de Abdullah adujo que la CEI no tuvo en cuenta sus exigencias de anulación de votos fraudulentos, entre otras irregularidades.
Expone también que la revisión de papeletas dista de ser transparente, ya que grandes poderes políticos ejercieron influencias contra ese aspirante presidencial.
Como otra demanda del equipo de Abdullah figura el que en aquellas mesas electorales donde el 90 por ciento de los votos favorezca a un candidato específico las papeletas deben anularse.
En medio de fuertes divergencias, el propio Abdullah rechazó el dato de la comisión electoral, la que aseguró que en la segunda ronda comicial votaron 8,1 millones de sufragantes. Ese aspirante presidencial sostuvo que en realidad acudieron a las urnas muchos menos electores.
Según resultados preliminares, Abdullah, quien había ganado la primera vuelta electoral en abril último, se ubicó por detrás del candidato Ghani en la segunda ronda, quien obtuvo el mayoritario 56,4 por ciento de los votos.
Tal situación genera incertidumbre en este ocupado país asiático por fuerzas extranjeras (más de 50 mil soldados), encabezadas por la Organización del Tratado del Atlántico Norte, donde aún no se sabe con certeza cuándo se conocerá el nombre del nuevo presidente que reemplazará al actual mandatario, Hamid Karzai.
Esa fuerza ocupante desde 2001, que deberá abandonar suelo afgano a fines de este año, pide con urgencia la definición del nuevo presidente para negociar un acuerdo de permanencia de unos nueve mil 800 soldados.
Las tropas foráneas, que apoyan a las fuerzas gubernamentales en su lucha contra el insurgente Movimiento Talibán, comenzaron en 2011 a retirarse gradualmente del territorio afgano y a transferir por fases la competencia de la seguridad al Ejército y la policía de esa destruida nación.
Frecuentes bombardeos con drones (aviones no tripulados) de Estados Unidos y otros tipos de ataque contra poblaciones civiles incluso, provocaron cientos de muertes, lo que generó un creciente rechazo en las residentes locales de ese Estado, con una población superior a 31 millones de habitantes.
En medio de tal panorama, la ONU anunció que la fecha para juramentar al próximo jefe del Ejecutivo, prevista para fines de este mes, se postergó para después del 18 de septiembre.
Con ello se busca dar suficiente tiempo a la CEI para que concluya el proceso de revisión de las boletas comiciales.
Hasta el momento se auditaron en ese Estado más de 16 mil 300 urnas del total de 22 mil 828, lo que indica un retraso en el proceso de recuento de votos, iniciado el pasado 17 de julio.
En Afganistán, convulso país centroasiático en que persiste el conflicto postelectoral, podrían aumentar las tensiones étnicas, advierten organismos sociales.
Tal escenario de disputas se podría presentar al tenerse en cuenta que Abdulah mantiene el respaldo de la minoría tayika, en tanto Ghani dispone del apoyo de la mayoría pashtún.
Ante acusaciones de Abdullah de que el mandatario Karzai, de la etnia pashtún, apoya abiertamente a Ghani, el gobernante ha respondido que mantiene la neutralidad en el actual proceso comicial.
Karzai subrayó que el pueblo afgano espera los resultados de las elecciones desde hace meses y quiere ver cómo su país tiene un nuevo mandatario y un nuevo Gobierno para volver a la normalidad, subrayó recientemente un comunicado presidencial.
En territorio de Afganistán, desangrado por una persistente guerra azuzada por potencias occidentales, se impone la paz para solventar no sólo conflictos electorales, sino también sacar a más de 12 millones de personas de la pobreza, muchas de ellas en peligro de morir de inanición.
* Periodista de la Redacción de Asia de Prensa Latina.


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